Clan "Inmortales"

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Capítulo 19-La promesa

-¿Prefieres que espere fuera?.-Dijo apoyando su espalda en la fachada de la casa.-No me gustaría entrar sin invitación.-Añadió torciendo su sonrisa.
-Será mejor que esperes, no quiero que mi padre se entere de que llegué acompañada, me tirotearía a preguntas.-Contesté dando un suspiro frustrado.
-¿Estás bien Liz?.-Preguntó mi salvador con el rostro lleno de preocupación.
Asentí con la cabeza e intenté sonreír, me preocupaba encontrarme cara a cara con mi tío y que éste notase que algo no iba bien.-No te preocupes.-Dijo intentando calmar mi estado de ánimo.
Una anilla redondeada se encontraba en la puerta, cerré mis dedos alrededor de ella y di dos golpes suaves que hicieron que el sonido se escuchase en el interior de la casa.
Brandom se deslizó suavemente por la fachada que estaba recubierta de piedra intentando perderse de vista de la puerta principal, mis ojos siguieron los suyos, me miraba sin borrar aquella hermosa sonrisa tranquilizadora, pero tuve que apartarla cuando sentí que la puerta se abrió frente a mí.
Pestañeé con rapidez y los músculos de mi cara impidieron que mostrase una sonrisa a lo que conseguí hacer con mucho esfuerzo, el pelo blanquecino de mi tío y su simpática sonrisa lograron que me centrase únicamente en él.
-¡Liz, que inesperada visita sobrina!.-Dijo borrando aquella sonrisa para fruncir el ceño mientras que sus ojos siguieron mi vestido ensangrentado.-Dios mío, ¿pero que te ha ocurrido?.-Preguntó con ansiedad mientras que me invitó a entrar.
Eché una rápida mirada hacia el lado izquierdo donde se encontraba Brandom, asintió con la cabeza para después mirar hacia otro lado.
Aquél gesto me pareció como si mi salvador estuviera a favor de contarle el incidente del tren pero con algunos detalles pasados por alto, entre otras cosas que fui atacada por vampiros y que uno de ellos fue el que me trajo hasta su casa.
-Es…-comencé a decir.-Es una larga historia tío Zack.-Dije torciendo mi sonrisa.
Mi tío me invitó a pasar mientras que su ceño aún seguía fruncido, atravesamos la sala para llegar a un acogedor salón con las paredes pintadas de un color verde olivo.
La luz del exterior entraba debilitada por dos amplios ventanales que se encontraban en la estancia, mi voz temblorosa comenzó a salir de lo más profundo de mi garganta para poder contarle mi aparatoso accidente, cuidé mis palabras e intenté sonar lo más creíble posible, de un tema nos fue llevando a otro hasta que por fin le conté a lo que había venido a su casa.
-Muchas gracias por venir hasta aquí solo para avisarme de dicho encargo Liz.-Agradeció.-Llegaré un poco más tarde a Londres, antes he de hacer algunas cosas pendientes, pero, ¿podrías decirles a tus padres que me pasaré por su casa?.-Preguntó.-Quiero que vea personalmente el pedido que me encargaron esa família de ricachones, los Akerman.
Asentí con la cabeza e intenté mostrar una sonrisa, me costaba escuchar sus palabras ya que mi mente estaba fuera de la casa preguntándome si Brandom seguiría fuera esperándome.
Llevaba unos diez minutos en aquella casa y parecía como si permaneciera allí más de una hora, tenía tantas preguntas que hacerle que estaba comenzando a sentirme incómoda. –Déjame que te sirva una taza de té.-Dijo amablemente.
Me incorporé de aquel cómodo sofá de color tierra y acto seguido pasé las manos por mi vestido.
-Oh tío Zack lamento no poder quedarme más tiempo, pero quisiera volver antes de que oscurezca.-Me disculpé.
-Bueno podrías quedarte y luego regresamos los dos juntos a casa.-Sugirió.
-Prefiero volver ahora, tengo que hacer unas tareas de la escuela.-Contesté forzando una sonrisa.
Quería salir cuanto antes para poder reencontrarme con mi salvador, mi corazón fue contando los minutos en los que no estaba cerca de su fresca piel, los diez minutos más largos de toda mi vida.
-Como prefieras sobrina.-Dijo ampliando su sonrisa y borrando aquél gesto de preocupacion.-¿Te acompaño a la estación?.-Preguntó mientras me acompañaba hasta la puerta principal.
-De verdad tío,muchas gracias no quiero quitarme más tu tiempo.-Dije intentando escapar tomando el pomo de la puerta.
-Está bien,está bien,ya nos veremos más tarde.-Dijo volviendo a sonreír.-Y porfavor Liz, ve con cuidado.-Me advirtió.
-Descuida.-Me despedí con una sonisa en mis labios.
Mi corazón latió violentamente cuando mi tío y yo cruzamos la puerta para salir al exterior,rezé en mi interior para que no viera a mi salvador esperándome, y cuando mis ojos se volvieron hacia la fachada ya no se encontraba allí.
Me giré de nuevo para encontrarme con el rostro arrugado de mi tío que me observaba con detenimiento, le devolví mi sonrisa y me puse en camino hacia la estación de Cambidge.
LLevaba unos cinco minutos caminando por unas estrechisimas calles en las que me costaba dar un paso ya que el suelo de piedra me resultaba bastante incómodo,me apenaba saber que Brandom ya no estaba a mi lado y que probablemente no lo volvería a ver despues de todo lo ocurrido,no me cabia la menor duda de que se habia metido en problemas muy serios con su familia,nada más y nada menos que "vampiros".
-Dios mío,vampíros.-Me dije a mí misma.
Me costaba creer en todo lo que Brandom me había contado, pero era imposible negar lo evidente, lo que mis propios ojos vieron en aquél aterrador vagón.
De pronto unas dulces palabras rebotaron en lo más profundo de mi corazón, "te quiero Liz", aquellas palabras me llegaron con tal fuerza que no pensaba en nada más, no podía pensar en el riesgo que podria correr a su lado ni siquiera podía sentir miedo, todo aquello formaba parte de Brandom, y todo lo relaccionado con él lo amaba con toda mi ser.
-¡Oiga señorita apártese del camino!.-Gritó una voz.
El sonido de aquella voz consiguió que reaccionase a tiempo,pués me encontraba cruzando una calle transitoria donde los carruajes iban de un lado para otro a toda velocidad,mi mano voló hasta mi corazón e intenté calmar los latidos violentos por el tremendo susto, aunque no estaba segura si latía de esa manera por mi salvador o por estar de nuevo al borde de la muerte.
Mientras esperaba al otro lado de la calle para poder cruzar, pensaba en lo que mi conciencia me decía y mi corazón sentía, al igual que el amor de Brandom y la muerte van de la mano,negué con la cabeza e intenté borrar aquel pensamiento, él no era la muerte, de alguna manera se había convertido en el ser más importante de mi vida.
Aparté la vista de mis zapatos gastados y cruzé la calle esta vez con más cuidado,ya podía divisar a lo lejos la estacion de ferrocarríl sus murallas eran de piedra parecidas a la fortaleza de un castillo, en el centro un enorme reloj que parecia estar incrustado en aquella sólida pared.
La gente se agolpaba en las ventanillas para comprar sus billetes, eran incapaces de formar una fila y esperar su turno, aquella imagen me puso de los nervios puesto que me agobiaba esperar largas colas humanas y aún peor, si esa multitud estuviera dispersa por todas partes era como si me faltase la respiración y de un momento a otro fuera a desmayarme.
Intenté respirar lo más calmada posible hasta que llegó mi turno, el ferrocarril venia con retraso lo cual fué más desesperante, me senté en uno de los bancos de forja cerca del andén, me había aprendido de memoria el billete que sostenía en mi mano, no tenía mucho que leer solo el lugar de origen destino y la fecha de salida lo cual ya se había retrasado unos diez minutos.
Suponía que era por el accidente que huvo con el ferrocarril que venía de Londres, me preguntaba si ya estaban al tanto de lo sucedido y si sabrían exactamnete lo que había ocurido, sabrían que había sido atacado por una despiadada banda de asesinos,nunca sabrían que son exactamente.
Un estremecimiento recorrió todo mi cuerpo, me abrazé a mi misma al recordar lo sucedido, me sentía como si le estuviese dando la espalda a los que son como yo,humanos,yo sabía quienes eran los responsables de tantas muertas ocurridas recientemente, yo podría parar toda esta locura si desvelara quienes son, pero aquello sería como traicionar a mi propio corazón.
Sabía de que lado estaba, pero por otra parte estaba Brandom, él no era como los demás y debía mantener su gran secreto.
Un silbido insoportable captaron mis oidos, era la señal de que el ferrocarríl se estaba acercando al andén, una vez que se detuvo tomé aire llenando por completo mis pulmones y subí las escaleras para dirigirme hacia uno de los vagones.
-Brandom.-Me dije a mi misma una y otra vez.
Siempre desaparecía en el mejor momento, y siempre volvia aparecer cuando notaba que algo no iba bien,sonreí para mis adentros cuando recordé aquella primera vez que me tuvo en sus brazos, me sentía tan protegida, me sentía tan bien que solo deseaba volverle a ver lo deseaba con todas mis fuerzas,cada minuto que pasaba estaba convencida de que lo amaba con tal intensidad que seria capaz de hacer cualquier cosa por él, hasta dejar mi vida humana para seguirle al fin del mundo entre las sombras.
El viaje a Londres fué de lo más tranquilo comparado con el de Cambidge, cruzé la estación mirando a todo y a todos esperando encontrar un rostro de ensueño, un rostro angelical de ojos bañados en la dulce miel, al no encontrarlo mi rostro se entristeció y tuve que ponerme en camino hacia casa.
Al llegar a la plaza principal, donde se encontraba la vieja torre del reloj me detuve en una enorme fuente de piedra a beber un poco de agua, al limpiarme con la base de mi mano eché una rápida mirada a la parte baja de mis vestidos, la sangre que habia salpicado en el estaba reseca y no se notaba demasiado, ya que el color rojo de mi vestido lo disimulaba bastante,aún así lo mojé con un poco de agua y lo froté con fuerza intentando eliminar aquellas espantosas salpicaduras.
-¡Liz!-Gritó una voz femenina.-¿Liz eres tú?.-Preguntó haciendo que me girase.
-Hola Karisma.-Contesté con una amplia sonrisa.
-¿Qué haces,haciendo la colada en la fuente?.-Preguntó entre risas.
Solté mis vestidos y acto seguido pasé las manos por encima para secarme las manos.
Solté una pequeña risa nerviosa y negué con la cabeza.
-Oh, no no, es que...-Comenzé a decir.-Se me derramó un poco de sangría.-Contesté vovliendo sonreír nerviosamente.-¿Y tú que haces aquí?.-Pregunté intentando evitar más preguntas acerca de mi vestido.
-Fuí a visitar a un amigo,pero no se encontraba en casa.-Contestó con la mirada perdida.-¿Dónde has estado todo el día?.-Preguntó frunciendo el ceño.
-Pués,tuve que ir a Cambidge a darle un recado a mi tío.-Contesté.-¿Porqué lo preguntas?.-Dije.
-Por nada.-Sonrió.-¿Seguro que fuiste a Cambidge a visitar a tu tío o a encontarte con algún galán encantador?.-Preguntó con media sonrisa.
Me resultó sorprendente la mentalidad de Karisma, no había acertado pero se habia acercado bastante,le devolví la sonrisa.
-No sabes como me hubiese gustado que acertases Karisma, pero no fué así, sólo fuí a ver a mi tío Zack.-Contesté.
No me pareció una buena idea contarle nada respecto a ese día, era un asunto muy delicado y si ella ni nadie estuviese al tanto de ello mucho mejor para todos.
-Está bien, tengo que ime.-Dijo.-Nos vemos en otro momento Liz.-Se despidió dándome un cariñoso abrazo.
-Hasta pronto.-Dije.
Mis ojos siguieron a mi amiga hasta que se perdió delante de mí, nunca me había gustado mentir a nadie pero, ¿que otra opción tenía?, despues de ver todo lo que mis ojos presenciaron hoy, mi vida habia cambiado de alguna manera.
Unas nubes grisáceas oscurecían el cielo, no era muy tarde pero aquellas nubes cargadas de agua daban un aspecto oscuro a toda la ciudad, había quedado con Yuls si no regresaba tarde pero era mucho mejor que me quedase en casa ya que en cualquier momento la tormenta podría estallar.
La casita blanca se divisaba a lo lejos, habían encendido las luces puesto a la oscuridad del exterior, atravesé la verja de madera y la cerré detrás de mí, avanzé hasta el porche y mi madre abrió la puerta justo cuando me encontré frente a ella.
-Mamá, me has asustado.-Dije con una risa nerviosa.
Su rostro era de tristeza y no cambió al verme, comenzé a inquietarme y sus ojos se apartaron de los mios para darme la espalda.-Mamá,¿que ocurre?.-Pregunté nerviosamente.
-Elizabeth entra en casa.-Ordenó con una voz suave y calmada.
Atravesé la puerta y avanzé hasta el salón donde se encontraba mi padre hablando con dos señores de uniforme,al cruzar su mirada con la mía me hizo un gesto para que me sentase a su lado.
-¿Que pasa papá, dónde está Amelia?.-Pregunté angustiada.
-Tu hermana está bien cariño, pero no es de ella de la que tengo que hablarte.-Dijo volviendo su mirada aquellos dos hombres.
-¿Es...por lo del accidente del ferrocarril?.-Pregunté casi tartamudeando por el pánico.
Mi padre frunció el ceño y aquellos dos hombres se miraron el uno al otro antes de clavar los ojos en mí rostro.
-¿De qué estás hablando cariño, que accidente?-Preguntó mi madre tomando asiento a mi lado.
Había metido la pata, me había propuesto de que no se enterarian, almenos por mí misma, aún así seguia con esa ngustia que apenas me dejaba respirar.
-¿Usted viajaba en el ferrocarril que iba a Cambidge?.-Preguntó uno de los señores.
Asentí con la cabeza al mismo tiempo que me aclaré la garganta.
-¡Santo dios!,¿un accidente?.-Se alarmó mi madre.-¿Estás bien Liz?.-Preguntó angustiada mientras me miraba de arriba abajo.
-Estoy bien mamá, no te preocupes.-Intenté calmarla.
-Verá señor Jenzen, creemos que aquél accidente está relaccionado con lo que le a ocurrido a su hermano, hubo una matanza brutal, el ferocaril se encontro a unos ocho kilómetros de Cambidge, supongo que los asesinos se dirigieron hacia allí a continuar con su masacre.-Dijo aquél señor de bigote estirado.
Mi corazón dió un vuelco, mi garganta se quedó bloqueada y me costaba articular las palabras.
-¿El tío Zack está bien papá?.-Pregunté.
Hubo un largo silenció y la cálida mano de mi padre cubrió la mía con fuerza, en su rostro pude ver que algo no iba bien y podía saber de que se trataba.
-No, acaban de encontrarle en su casa de Cambidge.-Dijo muy afectado.-Ha muerto Liz.
Aquellas palabras me llegaron como un jarro de agua fría, aunque sabía por adelantado lo que iba a decir era como si me hubiese quedado paralizada al escucharlo de esa manera.
-¿Cómo...murió?.-Pregunté.
-Será mejor que no lo sepa joven, no es nada agradable.-Advirtió el acompañante de aquél señor.-Lamentamos mucho su pérdida señor Jenzen, le prometo que pronto daremos con el culpable, que pasen buena noche.-Se despidieron amablemente.
-Es terrible, todo esto es terrible.-Repitió mi madre una y otra vez.
-Liz, ¿seguro que estás bien?.-Preguntó mi padre acariciando mi hombro con cariño.
Asentí con la cabeza mientras me sumergia en mis pensamientos, no podía aver sido Brandom, tal vez otros vampíros que no tenían nada que ver con él, o almenos eso quería pensar.
-No ha sido él.-Contesté a mis pensamientos en voz alta.
-¿Qué has dicho Liz?.-Preguntó mi padre con el ceño fruncido.
Negué con la cabeza e intenté reparar aquella frase que acababa de decir en voz alta.
-No me encuentro muy bien, me voy a la cama.-Dije despidiendome de ambos con un beso.-Buenas noches.-Me despedí dando tumbos.
-¿Bajarás más tarde a cenar?.-Preguntó mi madre.
-Quizá más tarde.-Dije.-Por cieto,¿dónde está Amelia?.-Pregunté.
-Dormirá esta noche en casa de Jessica, ya está al tanto de todo, asi que pensé que sería mejor para ella que no estuviese por aqui escuchando cosas desagradables.-Contestó.
-Mejor así, buenas noches, os quiero.-Me despedí finalmente.
Subí las escaleras que conducían al piso superior, los pies parecian pesarme tremendamente era como si el peso de mi cuerpo se hubiera multiplicado, entré a mi habitación para coger ropa limpia y acto seguido me dirigí hacia el baño para relajarme un poco antes de intentar dormir.
LLené aquella bañera ovalada de agua casi hirviendo, me liberé de aquellas ropas y me sumergí en ella, mis hombros no estaban cubiertos lo cual me resultó relajante sentir un poco de frio en ellos, apoyé mi cabeza hacia atrás y cerré mis ojos intentando encontrar respuestas.
A los pocos minutos sentí como daba cabezadas, el sueño me estaba venciendo y me dejé llevar por unos instantes, entonces una mano tan fría como el hielo fué recorriendo mi cuello con sus dedos, poco a poco sacó mis brazos por fuera de la bañera y agarró mi mentón con suavidad.
-Liz...-Dijo su dulce voz.-Liz...-Repitió una y otra vez.
Mis ojos se abrieron lentamente hasta ver su rostro terriblemente bello, pero el color de la miel se había tornado a un oscuro vacio, su sonrisa se amplió dejando ver unos dientes afilados que antes no había visto, su pálida mano se cerró alrededor de mi cuello apretándolo con fuerza, intenté hablar pero no conseguí mover mis labios sólo un sonido agonizante provenia de lo más hondo de mi garganta.
Intenté luchar con mis brazos ante una fuerza poderosa, cerré mis párpados con fuerza mientras que chapoteaba dentro de la bañera derramando agua por todas partes, al abrir mis ojos Near se encontraba frente a mí, su pálida mano aferrada a mi cuello me empujaba hacia atrás obligándome a sumergir la cabeza.
Mi cuerpo no dejó de luchar en ningún momento, la sonrisa sarcástica de Near se podía escuchar en el fondo de la bañera, poco a poco sentí como el agua inundaba mis pulmones entonces comenzé a toser con fuerza.
Me desperté de golpe y me incorporé llevando una mano hasta mi garganta intentando calmarla, aquella pesadilla me hizo recordar a las que anteriormente habia tenido sobre Brandom, aún sin saber lo que era. Al salir de la pequeña bañera ovalada, me enrollé con una toalla y me dispuse a secarme a toda prisa, el dia denhoy había sido muy largo y solo me apetecía meterme en la cama.
Me puse un camisón que bajaba como una cascada hasta mis pies desnudos y acto seguido una fina bata, pasé el cepillo por mi cabellos para eliminar aquellos rebeldes nudos que se formaron mientras miraba mi reflejo en el espejo.
No tenía mucho mejor aspecto, tampoco era que esperase nada de esto y mucho menos con la pesadilla que acababa de tener, salí del baño para dirigirme a mi habitación, cerré la puerta detrás mi y eché una rápida mirada en la oscuridad.
La habitación estaba en penumbra, seguramente habria pasado mucho más tiempo en el baño de lo que pensaba porque ya había anochecido, la luz de la luna se colaba por mi ventana y le daba un aspecto tranquilizador, no sabía por qué pero ahora que estaba viendo la cama me moría de sueño.
Caminé hacia ella para sentarme y sentí las ganas de estirar mi cuerpo para prepararme pero un sonido suave me interrumpió, eché una rápida mirada hacia la ventana y podía ver como las hojas del árbol se balanceaban con el viento, supuse que las hojas rozaron el cristal y eso fué lo que me asustó.
Pasé una mano por el cuello cuando aparté la mirada y comenzé a moverlo en circular entonces otra vez ese sonido me hizo brincar de la cama, mantube una distancia prudente desde donde me encontraba, mis pies se movieron automaticamente hacia la ventana yo no se lo había ordenado pero allí estaba.
Algo impactó contra el cristal cosa que me asustó, mi curiosidad era tan grande que no pude evitar abrir la ventana y mirar hacia abajo, entonces me quedé con los labios despegados al verle allí con media sonrisa.
-Sé que es algo tarde pero...¿podemos hablar?.-Preguntó alzando sus cejas.
Me costó pronunciar las palabras con lo que asentí.
-¿Puedes subir?.-Susurré.
Me aparté un poco de la ventana y en cuestión de segundos estaba al otro lado con una respiración de lo más normal, como si estuviese acostumbrado hacer ese tipo de cosas.-No dejarás de sorprenderme Brandom.-Dije con verdadera admiración.-¿Quieres...pasar?.-Pregunté al verle en el otro lado apoyado nada más que con la punta de sus pies en un saliente que habia por fuera de aquella ventana.
-Estaba esperando que me invitases.-Dijo entrando al interior de mi habitación.
-¿Los vampíros no os autoinvitais?.-Pregunté intentando deshacer un nudo de mi mechón.
-Nunca, sólo podemos entrar cuando nos invitan.-Contestó forzando una sonrisa.
-Curioso...-Dije casi en un susurro.
Me fijé en las manos pálidas de Brandom, estaban cerradas en un puño y mantenía la distancia entre nosotros, entonces sus pasos avanzaron hacia a mí y me estrechó con suavidad entre sus brazos.
-Liz, lo siento mucho,todo esto es culpa mía.-Dijo estrechandome ahora con más fuerza.-Por favor no pienses que tuve que ver con la muerte de tu tío, no puedo soportar que desconfies de mí.-Dijo con un tono de voz ahogado.
-Sé que no has sido tú Brandom,perdóname si inconscientemente pienso en esas cosas, pero dime, ¿sabes porque fueron a por él?.-Dije pasando mis brazos alrededor de su cintura intentando vencer mi timidez.
-Fué Near.-Comenzó a decir.
Un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo y Brandom comenzó a mecerme con suavidad.-De alguna manera, quiere que renuncies a mí y actua para que te des cuenta del peligro que corres a mi lado.-Dijo haciendo una pausa poco después.
-Te diré algo Liz.-Dijo mirándome directamente a los ojos.-Yo jamás te haría daño, y te aseguro que protegeré a tu familía sea como sea.-Me aseguró.
-¿Cómo?.-Pregunté enterrando mi rostro en su pecho.-Near podría acabar contigo, y eso es algo que jamás podría perdonarme.-Dije con un hilo de voz.
-Tal vez nosotros no estémos destinados a estar juntos por el simple echo de que somos dierentes.-Dije con lágrimas en los ojos.
-Escúchame Liz, mi inmortalidad es mía y sólo yo decido con quien quiero compartirla.-Dijo estrechándome en sus brazos.-Near no tiene derecho a entrometerse en lo que ya es un hecho, nos queremos, y eso nadie podrá cambiarlo.
Acarició mis cabellos con su pálida mano y me besó la frente con sumo cuidado, sonreí para mis adentros y consiguió calmar mi angustia, aunque ésta volvió aparecer cuando me vino a la mente la imágen de su padre.
Brandom clavó sus ojos en los mios y acto seguido limpió mis lágrimas con sus pulgares tan helados como el hielo.
-No te preocupes por eso Liz, no te preocupes por nada.-Dijo intentando acallar mi llanto ahogado.
Sé que no debía preocuparme a su lado, pero algo dentro de mí me inquietaba, era obvio que su familia no me quería ver a su lado y mucho menos que supiera lo que en realidad eran, pero me angustiaba pensar que mi salvador podría verse envuelto en problemas muy serios con su familia y me lo estaba ocultando para evitar que me preocupase.
-Te quiero Elizabeth.-Susurró mientras se acercaba a mi rostro ruborizado.
Mis labios temblorosos miraron los suyos con detenimiento, pude ver como se mordió el labio superior mientras se acercaba.
Sus pálidas y heladas manos acariciaron con suavidad mi rostro mientras que mis brazos se volvieron a cerrar alrededor de su cintura, podía escuchar el sonido de mi corazón que latía violentamente en la penumbra de mi habitación, por un momento hubiera deseado mandar sobre él cosa que me resultaba completamente imposible estando tan cerca de él.
-Brandom...-Susurré cuando estuve lo bastante cerca de sus labios.
-Shh...-Siseó.-Sentir tu aliento cálido es el mayor regalo que podrías darme, poder escuchar tus latidos cerca de mi pecho me hace sentir vivo.-Susurró acariciando con su pulgar la linea de mis labios.
Mis ojos se cerraron quedándome unicamente con la imagen de su rostro acercándose al mio lentamente, entonces sentí unos labios frios sobre los míos que me besaron con suavidad y ternura, su fresca piel acariciaron con dulzura mis mejillas encendidas, le devolví aquel intenso beso que tanto ansiaba y pude notar el amor que me transmitía.
Sus tiernos labios se despegaron de los mios y abrí lentamente los ojos concentrandome en ellos que sonreían, apoyó su fresca frente sobre la mía aún con los ojos cerrados y negba con la cabeza lentamente.
-Jamás habia sentido esto Liz.-Susurró sin borrar aquella hermosa sonrisa.
Me besó con ternura la punta de mi nariz mientras que sus pálidas manos se deslizaron por mis mejillas.
-Te quiero Brandom, te quiero más que a nada en este mundo.-Susurré acariciando esta vez su hermoso rostro.-Por favor, quédate conmigo esta noche,me sentiría más segura.-Le rogué.
-No es lo apropiado.-Sonrio entre dientes.-Pero prometo estar cerca,no te ocurrirá nada,puedes estar segura.-Me prometió volviendo a besar mis labios temblorosos.
Asentí con la cabeza y me tomó en brazos poco después para llevarme a la cama, me arropó con las sábanas y besó mi frente con ternura, se dirigió a la ventana y echó una rápida mirada hacia mi dirección.-Descansa, nos veremos pronto Liz.-Se despidió.
En un abrir y cerrar de ojos había saltado al vacío desapareciendo de la habitación, me sentí aliviada al pensar que estaría cerca de mí aunque no lo pudiese ver, me encogí bajo las sábanas e intenté calmar los latidos de mi corazón, estaba confusa y aturdida por todo lo sucecido, ahora necesitaba estar fuerte para Brandom, necesitaba estar fuerte por mi família y enfrentar lo que seguramente pronto nos vendría encima.
El recuerdo de mi tío Zack hizo que rompiera a llorar, seguramente mi padre estaría destrozado por su muerte pero se mostraba entero en mi presencia, aquella imagen me apenaba, y de alguna manera me hizo sentir culpable, tal vez si hubiese permitido que me acompañase hasta la estación o regresar a Londres con él un poco más tarde...
Negué con la cabeza y limpié aquellas lagrimas que cayeron sin cesar por mi rostro, nada de lo que pensara ahora iba a devolver mi tio Zack, me concentré esta vez en lo había pensado, necesitaba estar fuerte para todos, ya había decidido que mi vida estaría al lado de Brandom, y que por ello podría morir y poner en peligro a las personas que amaba pero como bien dijo Brandom, jamás lo permitiría y aquellas palabras eran las únicas que me consolaron hasta que por fín pude quedarme dormida.

sábado, 21 de agosto de 2010

Capítulo 18-El secreto de tu corazón

-¿Qué sois?.-Pregunté.
En ese momento, Estefi dejó de devorar aquel cuerpo sin vida y se unió a Near junto con Atila y aquellos dos hombres que los acompañaban.
El ferrocarril seguía en marcha a una alta velocidad me pregunté si el maquinista seguiría vivo, cosa que dudé, mi mirada se cruzo de nuevo con la de Brandom y por un momento apartó sus ojos de los míos para mirar a Near con fiereza.-¿Por qué habéis matado a esta gente?.-Pregunté con un hilo de voz.-¡Que sois!.-Grité mirando hacia el rostro paralizado de Brandom.
-Si te lo contara, tendría que matarte.-Contestó Near esbozando una sonrisa a su hermano.
El rostro de Brandom se endureció mientras fulminaba con la mirada a Near que no dejaba de sonreír mostrando unos dientes ensangrentados, bajó su mirada hacia mí y las aletas de su nariz se hincharon a la vez que apretaba fuertemente sus ojos.
-Vampíros.-Contestó con un tono de voz amargo.
Mis labios se despegaron y acto seguido llevé mi mano temblorosa hasta ellos.
-¿Qué estás diciendo Brandom?.-Pregunté horrorizada.
Aquel angelical rostro que conocí una vez se transformó para poner uno más duro, encuadró los hombros inhaló el aire cerrando sus parpados y clavó sus ojos de color miel en los míos.
-Liz camina hacia mí.-Dijo extendiendo su mano.
Me volví para mirar a Near y Estefi y éstos avanzaron hacia mi dirección con pasos inseguros mostrando una posición amenazante. -Por favor.-Suplicó.-Confía en mí.-Añadió con un rostro preocupado.
Podía ver en mi mente un mar de recuerdos que me azotaban, recuerdos de cuando le conocí, ahora todo empezaba a encajar.
-Claro, ahora lo entiendo todo. -Comencé a decir con un hilo de voz mirando hacia aquel rostro.-El accidente, el ataque de ansiedad de Mary…Estefi en medio del bosque…el frío…-Dije abrazándome a mi misma al recordarlo todo.
El rostro de Brandom parecía decaído, su mirada era triste y vacía como si en ellos no hubiese vida, y en efecto así era. Se mordió el labio inferior mientras que negaba con la cabeza lentamente, era como si sus ojos estuvieran a punto de decirme algo más.
-Por favor.-Suplicó de nuevo con su mano aún extendida.
Near carcajeó e hizo que mi mirada se desviase de la de Brandom.
-Estás cometiendo un tremendo error pequeña humana.-Dijo sonriendo entre dientes.-¿De verdad te acercarías a un devorador de hombres?.-Preguntó sin dejar de sonreír.
-¡CÁLLATE!.-Gritó Brandom desde el otro lado.
Mi corazón latía apresuradamente y sentí como la sangre huyó de mi rostro, estuve a punto de caerme de bruces y tuve que hacer un esfuerzo para tener valor hasta el último momento, no podía saber quien estaba diciendo la verdad y quien mentía, me quedé allí inmóvil esperando que pasara lo peor de una vez por todas.
-Ya sabe demasiado.-Dijo Estefi entre dientes.
-Tienes razón querida prima.-Contestó haciendo un mohín.
-Yo…-tartamudeé.-No se lo voy a decir a nadie.-Dije finalmente con la voz temblorosa.
Estefi me miró directamente a los ojos mientras se adelantó acompañada de aquellos hombres altos y delgados que me miraban con ojos de deseo.
-Tranquila.-Comenzó a decir muy calmada mientras avanzaba hacia mí sin apartar los ojos de Brandom.-¡Porque no vivirás para contarlo!.-Gritó enfurecida.
Uno de los hombres que los acompañaban voló en mi dirección sin tocar los pies en el suelo, mis ojos se encontraron con los de Brandom y en menos de un segundo apareció a mi lado tomandome por la cintura dándome la vuelta con rapidez, para dar la espalda a mi enemigo y poder protegerme de él.
Un gruñido provino de la garganta de Brandom, giré mi rostro horrorizado y vi como aquel monstruo clavó sus afilados dientes en su hombro, sus ojos me miraron doloridos e intentaba mostrar una forzada sonrisa.
-Tápate los oídos.-Me pidió liberando su brazo de mi cintura.
Obedecí e hice lo que me pidió sin mirar lo que estaba ocurriendo a mis espaldas, entonces no pude evitar echar una mirada rápida para ver como la mano derecha de Brandom agarraba con fuerza el cuello de la camisa de su atacante lanzándolo por la ventana.
Los cristales se hicieron pedazos, aún con los oídos tapados pude llegar a escuchar el estruendo que causó viendo con mis propios ojos como el cuerpo de aquel hombre salió despedido del vagón.
El otro acompañante voló hacia él con los dientes apretados dejando ver unos afilados colmillos, sus ojos enloquecidos me miraron por un momento e intentó saltar por encima de Brandom para llegar hasta mí y cobrarse la vida de su amigo, mi salvador mostró una posición de ataque me encontraba tras su espalda, sin duda estaba protegiéndome con su cuerpo creando una muralla.
Mis manos las tenía aún aferradas a mis oídos tal y como Brandom me pidió, apreté mis ojos con fuerza agachándome en el suelo para no ver lo que ocurriría después, entonces un ruido ensordecedor hizo que los abriese con rapidez, Brandom aún seguía ante mí con las manos cerradas en un puño, estaba tenso y duro como una roca, esquivé su cuerpo perfecto con la mirada siguiendo aquel estruendo y pude ver como el cuerpo de su atacante arrastraba con él todos los asientos de madera del vagón dejando únicamente astillas y madera cortada.
Aquel cuerpo fue a parar a los pies de Near, sus ojos ensangrentados miraron a su hermano con ira, las aletas de su nariz se hincharon y su pecho estaba erguido, levantó su barbilla y giró su rostro hacia el mío mientras que me puse en pié lentamente.
-No vas acercarte a ella Near.-Advirtió la voz dura de Brandom.-No intentes ponerme a prueba.-Añadió.
-A padre le encantará saber que una vez más te pusiste en contra de tu familia.-Dijo torciendo su sonrisa.
-Creo que te equivocas, no creo que le haga demasiada gracia si supiera que habéis salido de caza sin su consentimiento y poniéndoos en evidencia a la vista de los humanos.-Dijo alzando su barbilla.-Por si no lo sabéis, os vieron subir a este mismo ferrocarril, espero por vuestro bien que esto no os traiga problemas cuando se sepa que sois los únicos supervivientes. Realmente no sé qué es lo que le iba a molestar más.-Añadió mirando a los ojos fríos de su hermano.
Estefi frunció el ceño y cruzo su mirada con la de su esposo, era como si estuvieran hablando únicamente con la mirada.
-Tiene razón, deberíamos irnos de aquí, siempre podemos decir que nos bajamos en otra estación.-Sugirió Atila con el rostro lleno de preocupación.
-¿Pero qué hay de ella?.-Preguntó Estefi señalándome con su dedo.-¿Vamos a dejar que siga con vida sabiendo lo que somos?.Volvió a preguntar indignada.
Near clavó sus ojos en mí y tuve que desviar aquella penetrante mirada, acto seguido miro a Brandom y sonrió.
-De momento.-Contestó sin dejar de borrar aquella sarcástica sonrisa.
Brandom cerró su mano en un puño y pude contemplar cómo sus hombros se relajaron mostrando un rostro más sereno cuando vimos que se marcharon del vagón saltando al exterior y desapareciendo por el paisaje a toda velocidad.
Caí de bruces apoyando todo mi peso con las rodillas, mis manos estaban aferradas en el suelo mientras que Brandom seguía dándome la espalda con sus manos cerradas en un puño, mi cabeza no podía entender nada de lo que estaba pasando, incluso volví a dudar si todo aquello no sería más que un mal sueño del que no podía despertar.
-No te muevas, enseguida vuelvo.-Dijo sin volver la vista hacia atrás.
Avanzó a toda velocidad por el vagón hasta perderse delante de mi vista, a los pocos segundos de marcharse el ferrocarril iba deteniéndose poco a poco.
Cuando se detuvo por completo, alcé mis ojos para ver como Brandom se acercaba hasta el vagón donde me encontraba tirada en el suelo con la respiración entrecortada, al llegar hasta mí mi cuerpo comenzó a temblar por el miedo y la confusión, desvié mi mirada para clavarla en el suelo centrándome únicamente en sus zapatos oscuros y entonces sentí algo frio bajo mi barbilla temblorosa.
Su mano tomaba con suavidad mi barbilla obligándome a que le mirase a los ojos cosa que no pude hacer, pues mis ojos llorosos se desviaron hacia otra parte.
-Mírame.-Me pidió con un tono de voz suave.-Liz, no te voy hacer ningún daño por favor mírame.- Susurró.
Cerré mis ojos con fuerza y una lágrima solitaria resbaló por mi mejilla para terminar en su mano, liberó mi barbilla para acariciarse esa gota de lluvia que mojó y entonces cuando supe que no me miraba directamente a los ojos mi mirada se centró en su pálida mano observando aquella lágrima. –Lamento todo lo que ha ocurrido.-Dijo con un hilo de voz que me costó escuchar.-Por favor no llores.-Suplicó mirando mi rostro.
Sus frías y pálidas manos avanzaron lentamente tomándome con suavidad por los brazos, mis sollozos se dejaron escuchar y miles de lágrimas cayeron por mi rostro cuando me encontré entre sus brazos que me abrazaron con fuerza.-Perdóname, perdóname…-Repitió una y otra vez. –Quería contártelo todo, necesitaba que supieras lo que soy antes de que…-Dijo dando un largo suspiro.-Lo lamento tanto.-Añadió acariciando mis cabellos.
Sus anchos brazos liberaron mi cuerpo indefenso e hizo que le mirase a sus ojos de color de la miel tomando mi rostro entre sus manos.
-No tengas miedo de mí, no voy a herirte.-Dijo con un tono de voz suave.-No permitiré que te hagan daño, eres demasiado importante para mi Elizabeth Jenzen.-Dijo con sus labios temblorosos mirando directamente a los míos.
-¿Por qué?.-Pregunté entre sollozos.
Sus brazos volvieron a rodear mi cuerpo mientras que me mecía intentando calmar mi llanto ahogado.
-Porque…porque…-Dijo intentando buscar las palabras adecuadas, era como si le costara decir lo que sentía en aquellos duros momentos.-Te quiero, te quiero Liz.-Dijo al fin.
Aquella palabra rebotó en mi cabeza una y otra vez a la vez que sus brazos me apretaron con más fuerza pero al mismo tiempo era un abrazo muy delicado, apreté los ojos con fuerza enterrando mi rostro en su pecho, dejó de mecerme y sus fías manos volvieron a tomar mi rostro inundado en lágrimas.
-Te quiero.-Volvió a repetir mostrando una sonrisa torcida.
Era lo que estaba esperando oír desde hacía tiempo, poder escuchar su dulce voz decirme aquellas palabras, sonaba igual de hermoso dado en la situación en la que nos encontrábamos, pues ahora sabía lo que él era y mi corazón seguía amándolo como el primer día.
Tuve que hacer un esfuerzo para poder decir algo, intenté calmar mis sollozos a la vez que Brandom acariciaba mi rostro intentando eliminar aquellas gotas de lluvia que caían sin cesar, me aclaré la garganta y tuve por vez primera, el valor de mirar sus penetrantes ojos inundados en miel.
-¿Siempre… has sido así?.-Pregunté con un hilo de voz.-Quiero decir…¿desde cuándo?.-Corregí.
-Nací así.-Contestó liberando mi rostro apartando su mirada de la mía.-Lamento haberte decepcionado Liz.-Dijo con un tono de voz sombrío.
En ese momento no pude articular ninguna palabra más, la impresión era tremenda y me costaba mucho salir del shock que había sufrido, negué con la cabeza y una sonrisa forzada pasó por su rostro como una estrella fugaz desapareciendo segundos después. -¿Aún quieres ir a Cambidge?.-Preguntó volviendo a coger mi barbilla obligándome a mirar sus ojos.
Asentí con la cabeza y éste frunció el ceño estudiando mi rostro.-Liz, ¿por qué no me dices algo, estás bien?.Preguntó angustiado.-Sé que tiene que ser muy difícil para ti el haber presenciado todo esto, pero escúchame bien, no te voy hacer ningún daño ¿me oyes?, jamás se me ocurriría hacer tal cosa.-Dijo frotándome los brazos con suavidad.
Deseaba con todas mis fuerzas poder preguntarle muchas cosas, pero no me sentí capaz de salir de mi asombro, era como si me hubiese cerrado por completo como lo hace una flor cuando cae la noche.
-¿Cómo…sabes que iría a Cambidge?.-Pregunté al fin mirándole tímidamente.
Brandom inhaló el aire y su mandíbula se endureció.
-Los vampiros tenemos la capacidad de poder escuchar los pensamientos de los demás, respecto a la habilidad mental somos muy psíquicos.-Tomó un poco de aire y sus frías manos liberaron mis brazos.-Pero no siempre es así, entre nosotros podemos ocultar nuestros pensamientos para evitar que vean a través de ellos, igual ocurre con algunos humanos.-Añadió ayudándome a ponerme en pié.
-¿Qué quieres decir?.-Pregunté con interés.
-Sólo los humanos de corazón noble se nos está permitido ver lo que hay dentro de sus mentes, aquellos que posean lo contrario nos resulta bastante difícil averiguarlo.-Dijo apartando un mechón de mi rostro.
-Entre vosotros, dices que podéis ocultar lo que pensáis…¿significa que…no tenéis corazón?.-Me costó preguntar.
Brandom se acercó a mi rostro negando con la cabeza mientras que miraba mis labios temblorosos, una sonrisa torcida dibujaron sus labios a la vez que una de sus heladas manos descansó en mi rostro.
-No…no tengo corazón, ¿y sabes por qué?.-Preguntó casi en un susurro.
Negué con la cabeza en respuesta a lo que él había preguntado, me aclaré la garganta y tuve que controlar las palpitaciones aceleradas producidas por mi corazón.-Porque lo tienes tú Liz…-Dijo mirando a mis ojos maravillado, tomó mis manos temblorosas y se las llevó a sus fríos labios besándolas con sumo cuidado.
Nada de lo que estaba escuchando podía ser real, mi cabeza aturdida aún seguía dudando si aquello seguiría siendo un sueño, la pesadilla había terminado y ahora me estaba compensando con algo que había estado esperando desde hacía tiempo.
Brandom dejó de besar mis manos y mostró una pequeña sonrisa, me preguntaba si había visto eso en mi cabeza y le contesté de igual manera solo que me costó un poco.
-No me has contestado.-Dijo de repente.
-¿Qué?.-Pregunté confusa concentrándome únicamente en sus frías manos aferrando las mías.
-Te pregunté si aún querías ir a Cambidge.-Volvió a repetir.
Un suspiro entre cortado salió de lo más hondo de mi pecho mostrando una sonrisa nerviosa.
-Sí, pero aún no sé como.-Dije mirando a través de una de las ventanas de aquel espantoso vagón destrozado.
Todo lo que pudieron ver mis ojos fueron un paisaje desolador al otro lado de aquellas ventanas, no sabía cómo iba a llegar a Cambidge, entonces Brandom interrumpió mis pensamientos.
-Yo lo haré.-Contestó a mi pensamiento.-Te acompañaré.-Añadió torciendo su sonrisa.
-¿Cómo?.-Pregunté.
-Cambidge no está muy lejos de aquí, ¿puedes caminar?.-Preguntó mirando la parte baja de mi vestido ensangrentado.
-Creo que sí.-Dudé al juzgar por el temblor de mis rodillas.
Brandom me dedicó otra de sus sonrisas tranquilizadoras y me elevó en el aire para terminar en sus brazos, acto seguido hizo que mi brazo descansara alrededor de su cuello y me sacó de aquél siniestro vagón.
Mi débil cuerpo temblaba de mil maneras distintas, me costaba creer que aquel ser hermoso fuera algo sobrenatural, observándole más detenidamente mientras que me paseaba entre sus brazos por aquel paisaje rodeado esta vez por densos árboles, se podía apreciar de que era tan solo un humano, aparentemente.
-Hay algo que tengo que decirte Liz.-Dijo interrumpiendo mis pensamientos.
Me asustaba que mi mente trabajase en su presencia ya que no podía controlar mis pensamientos en el estado en el que me encontraba, como siempre millones de preguntas a las que seguramente el podría ver, pero de alguna manera intentaba evitar.
Mis ojos se centraron en su perfecto perfil intentando averiguar qué era aquello que estaba a punto de decir, al juzgar por su rostro no podía ser nada bueno, pues tenía el ceño fruncido y su mandíbula se endureció a la vez que sus brazos me estrecharon aún más contra su cuerpo de hielo.-Prométeme que jamás te acercarás allí.-Dijo clavando sus ojos en los míos a los que tuve que evitar.
-Ahora entiendo porque te molestaba tanto.-Dije sin darle una contestación.
Sabía perfectamente a lo que se refería, ahora que sabía el secreto que entrañaban los Akerman sería una locura volver a la mansión, a no ser que fuera masoquista y quisiera exponerme ante el peligro, un escalofrío violento sacudió mi cuerpo y mi salvador volvió a endurecer su mandíbula como si mi incomodidad le molestase.
-¿Te encuentras bien?.-Preguntó con rostro preocupado.
Asentí con la cabeza mostrando una fina línea en mis labios y mi brazo se aferró con fuerza a su cuello dejando que mi mano descansara sobre su hombro, una textura áspera hizo que la apartase rápidamente y que mis ojos se llenaran de horror.
-¡Estás herido!.-Grité.
Unas casas con tejados cubiertos por el humo de las chimeneas se divisaron a los lejos, eché una rápida mirada e hice que Brandom me bajase al suelo pero éste hizo caso omiso a lo que yo pretendía.
La camisa blanca que llevaba estaba desgarrada por la parte del hombro y le llegaba hasta la muñeca, su piel mostraba perfectamente unos agujeros que la atravesaban, debió de ser cuando aquel monstruo le mordió y Brandom se lo quitó de encima.
Tenía un aspecto horrible ya que su sangre parecía estar congelada y mostraba un color oscuro como si se le estuviese pudriendo su hermosa piel blanquecina.
-No es nada Liz.-Dijo con tono tranquilizador.-Ya casi hemos llegado.-Anunció mostrando una dulce sonrisa. –Aún no me lo has prometido.-Añadió frunciendo el ceño.
Mis ojos volvieron a mirar sus ojos bañados en miel que me miraban esperando una respuesta, negué con la cabeza y volví a concentrarme en aquella tremenda herida.
-Por favor Liz, no evites responderme, esto es importante.-Dijo volviendo a mirar mi rostro.
Me aclaré la garganta antes de poder responder y un suspiro entre cortado salió de lo más profundo de mi ser, estaba herido y solo se preocupaba por oír mi contestación.
Tuve que hacer un esfuerzo por encontrar las palabras adecuadas pero no hallé ninguna, era muy fácil poder prometerle que jamás me acercaría a su casa ahora que estaba al tanto de lo que eran y el riesgo que podría correr, a su familia tampoco les hizo ninguna gracia que me dejaran con vida sabiendo lo que obviamente ya sabía, pero aún así no quería perderle.
Quería seguir viendo su rostro hermoso, su cabello oscuro flotar en el aire, sus ojos profundos del color de la miel y su voz tranquilizadora y dulce.
Un constante golpeteo se escuchó en mi interior, mi corazón pedía a gritos poder decirle que yo también lo amaba con todo mi ser, y que estaría dispuesta a correr cualquier riesgo por él, no me importaría volver a la mansión solo para poder verle una vez más y de que por ello podría morir, que mejor manera de morir que ver aquel ser hermoso.
Mis labios se despegaron por un momento mientras que Brandom avanzaba conmigo entre sus anchos brazos, se detuvo en ese momento para encontrarse con mi rostro ruborizado.
-Lo sé…-Dijo mostrando una sonrisa.-También me quieres.-Añadió besando mi frente.
Sus labios eran tan fríos como el resto de su cuerpo, era como si copos de nieve se posaran en mi frente lo cual me resultaba muy agradable dado a la temperatura de mi rostro ruborizado.
Una sonrisa nerviosa cruzó por mis labios temblorosos y no tuve el valor suficiente de mirar sus hipnóticos ojos, me hacía sentir pequeña y diminuta y a veces, hasta el extremo de quedarme completamente muda.
Asentí con la cabeza a la vez que mis parpados se cerraron, al abrirlos Brandom señaló con la cabeza el pueblo de Cambidge e hizo que mirase hacia donde él estaba mirando, sus pasos continuaron y pronto nos vimos en la entrada principal de pueblo, donde una vez allí me bajó con delicadeza en el suelo y pidió un carruaje para dirigirnos a la casa en la que se hospedaba mi tío Zack.

martes, 10 de agosto de 2010

Capítulo 17-Viaje hacia la verdad

-Tengo una idea!.-Gritó Yuls poniéndose en pié.
Pestañeé confusa al ver su rostro maravillado por la ida que se le acababa de ocurrir aún siendo desconocida para mí.
-¿Qué quieres decir Yuls?.-Pregunté confundida.
-¿Porqué no vamos a su mansión a visitarle?.-Preguntó con sus manos entrelazadas y una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja.
-¿Estás de broma?.-Contesté perpleja.
-Liz, ¿no me dijiste que tenías un libro que te prestó su hermana para que tus padres creyeran que me lo pediste a mí?.-Preguntó sin borrar su amplia sonrisa.
Asentí con la cabeza pero no llegaba a entender lo que pretendía.-Podíamos ir a su mansión para devolvérselo y ya que estamos allí podrías hablar con él.-Sugirió.
En realidad no era una mala idea, pero una vez allí, ¿de qué se supone que tendría que hablarle?. No iba a hacer esa locura que Yuls me animaba hacer, confesarle mis sentimientos al fin y al cabo ya habíamos quedado como amigos, pero lo que no sabía era si se me permitía ir a visitarle.
Tardé varios minutos sumergida en mis dudas sobre lo que hacer con la idea de Yuls, era una excusa perfecta para volver a verle, pero recordándolo bien, Mary me dijo que podía quedarme su libro.
-¡Claro eso es!.-Exclamé.
A mi amiga se le iluminó el rostro y me cogió de la mano para tirar de mí haciendo que me levantase del sofá esponjoso.
-¿Entonces se lo dirás?.-Preguntó cogiéndome ambas manos entre las suyas.
Negué con la cabeza y el rostro de Yuls era de pura decepción.
-Podríamos ir a visitar a Mary, su hermana. Ella fue la que me dio su libro para que me lo quedase, sería una estupidez devolver algo que me ha regalado, fue tan amable conmigo.-Dije.-La última vez que nos vimos no estaba muy bien, quisiera ir a pedirla disculpas.-Añadí.
Estaba siendo sincera, tanto Mary como Brandom fueron muy amables conmigo cuando ocurrió aquel accidente en su casa, los dos se preocuparon mucho por mí y me sentí mal cuando abandoné la mansión y en sus puertas se encontraba Mary con el doctor que iba a examinarme.
Yuls entendió mis sentimientos y se puso de acuerdo conmigo, habría más oportunidades para hablar con Brandom.
-Está bien, iremos las dos juntas.-Sonrió.
Salimos de su dormitorio para dirigirnos a la puerta principal, esperé fuera mientras que Yuls fue hacia otra sala para verse con sus padres, supongo que para pedirles permiso para salir.
-Podemos irnos.-Anunció Yuls cuando salió por la puerta.
Su vestido azulado le caía como una cascada de seda hasta sus pies, le gustaba llevar un bolsito del mismo color como complemento, era femenina y coqueta cuando caminaba, sin duda tenía sangre de noble.
El aire acarició su cabello de color castaño oscuro con reflejos dorados, se llevó unos mechones detrás de la oreja mientras que sonreía muy entusiasmada con la idea de ir a visitar la mansión de mi salvador y de que probablemente le conocería en persona.
Yuls era muy discreta a la hora de guardar secretos, no se le ocurriría de ningún modo decir absolutamente nada sin mi consentimiento, lo cual no vi ningún problema de que me acompañase, de todos modos la idea había sido suya.
Algo dentro de mí me inquietaba, tal vez sería por la idea de volver allí y encontrarme con unos rostros duros mirándome de arriba abajo como si fuera un insecto al que habían que aplastar.
No creía que, o no quería creer que Brandom pensase de esa manera acerca de mi persona, no me importaba en absoluto donde pudiese vivir, si viviera dentro de una cueva con unas condiciones lamentables iría hasta allí solo para poder verle y sentirle cerca de mí.
Yuls pasó su brazo por debajo del mío y ambas cruzamos la verja blanca que dividía la casa con la acera donde la gente paseaba de un lado para otro.
-Deberíamos pasar por casa primero.-Le sugerí.
-¿Para qué?.-Preguntó frunciendo el ceño.
Sonreí al ver aquella expresión mientras que reanudé la marcha tirando de su brazo.
-Porque es media mañana y seguramente nos demoraremos, no quiero preocupar a mis padres.-Dije torciendo mi sonrisa.
Yuls asintió y aceleró su paso tirando esta vez de mi brazo.
La gente parecía haberse multiplicado pues la plaza de la torre del reloj estaba llena de personas, el motivo no parecía que fuese por los puestos baratos que se encontraban en ambos lados de la calle y en la misma plaza.
Gritaban y se empujaban violentamente unos a otros, un grupo de personas que sostenían una gigantesca pancarta de tela se encontraban frente a un escudo humano de las autoridades que parecían estar protegiendo el edificio donde se encontraba el alcalde de Londres.
-¿Qué ocurre aquí Liz?.-Preguntó mi amiga aferrada a mi brazo.
-No lo sé.-Dije tan asustada como ella.

La gente se agolpaban y era casi imposible avanzar, entonces cuando me abrí paso tirando de su mano algo crujió en el suelo de piedra, una pancarta de un tamaño medio que decía: “¿Por qué no capturan y dan muerte a los asesinos?”.
Alcé la vista y Yuls se encontró con mis ojos, todo el mundo estaba al tanto de que la ciudad de Londres estaba siendo atacada por un despiadado asesino o asesinos, hasta ahora las autoridades no habían dado con él y la gente ya estaba empezando a preocuparse.
Gritaban que en lugar de organizar festivales podrían preocuparse en dar caza al asesino que está acabando con muchas vidas inocentes.
Conseguimos salir ilesas de aquella manifestación, Yuls seguía aferrada a mi brazo asustada por lo que acabábamos de presenciar, mi corazón se fue a vivir a mi estómago cuando recordé en aquellos matorrales una camisa sucia impregnada de sangre seca, me lleve una mano a el estómago y respiré aliviada al divisar el camino de tierra que conducía a casa.
-Es horrible.-Dijo Yuls después de un rato caminando.-Una ya no puede estar segura, a no ser que haya un hombre que te proteja.-Añadió negando con la cabeza.-Creo que el único que podría protegerte es el mismo asesino, nunca acabaría contigo.-Dijo forzando su sonrisa.
-¡Por dios Yuls!.-Grité haciendo una parada para recuperar el aliento.-No digas esas cosas, aquí está pasando algo muy serio, si las autoridades no hacen nada puede que las próximas víctimas sean alguna de las dos.-Dije reanudando la marcha.
Yuls siguió mi paso y volvió a tomarme por el brazo mirando ambos lados, el frío era intenso y las nubes se movían aceleradamente al igual que las hojas y ramas de los árboles.
-Tranquila Liz, tomarán medidas y darán con él.-Dijo intentando arrancarme una sonrisa.
-Eso espero.-Contesté.
Ya se divisaba la casita blanca, Amelia jugaba en el porche con su peonza de madera y al vernos aparecer corrió a nuestro encuentro para abrir la pequeña valla de madera.
-Hola Yuls.-Saludó mi hermana con una sonrisa.
-Hola Amelia, vaya que bonita peonza, ¿me dejas probarla?.-Preguntó mi amiga.
-La hizo mi padre, mira tiene tallado mi nombre, ¿lo ves Yuls?.-Preguntó Amy.
Yuls la fue girando y comprobó que lo que le había dicho mi hermana era cierto, Amelia deslió el nudo de una fina cuerda que estaba atado en su dedo corazón y se lo puso a Yuls para darle instrucciones de cómo se hacía girar.
-Enseguida vuelvo.-Dije.
Dudaba que mi amiga me hubiese escuchado, estaba tan entretenida intentando hacer girar una y otra vez aquella peonza que era muy probable que no lo hubiese oído.
Subí las escaleras del poche y la puerta estaba entre abierta , en el salón se encontraba mi padre subido en una silla dando golpecitos en la pared con un martillo, parecía que estaba intentando clavar un clavo o algo así.
-Hola papá.-Le saludé con media sonrisa.
Mi padre me miró con el ceño fruncido y temía de que dijera que no podía salir por todo lo que estaba ocurriendo en el centro de la ciudad.
-¿Ya has vuelto?.Preguntó.-Que pronto.-Añadió antes de que yo pudiera decir algo.
Se llevó un clavo a los labios y siguió martilleando aquella gruesa pared blanquecina, di un suspiro de alivio al ver que no estaba al tanto de aquella manifestación.-Ve a la cocina, tu madre quiere hablar contigo.-Dijo continuando su tarea.
Me dirigí a la cocina donde se encontraba mi madre sentada en una pequeña mesa cuadrada con otra mujer de cabellos castaños con algunos reflejos canosos.
-Hola mamá…-Saludé tímidamente.
-Me viene muy bien que hayas vuelto pronto hija.-Anunció poniendo las manos sobre la mesa.
En ella se encontraba una pequeña bolsita de tela azulada, en su interior había algo porque estaba atada haciendo que pareciese un pequeño saco.
-¿Qué ocurre?.-Pregunté sin dejar de mirar aquella mujer.
-Tu padre lleva media mañana intentando localizar a tu tío Zack, probablemente se encuentre en su casa de Cambidge.-Dijo.-Necesito que viajes allí para decirle que tiene una clienta con un encargo muy importante.-Añadió.
Aquella mujer me dedicó una sonrisa y en su cara podía ver que necesitaba lo que mi madre me estaba pidiendo.
-¿Puedes decirle que vas departe de la señora Harvey?.-Preguntó.-He de encargarle unas joyas y me urge, ya que mi hija se casará la semana que viene y tu tío es mi última esperanza.-Dijo con ojos suplicantes.
Al oír sus palabras entendía que se había recorrido toda la ciudad buscando a un buen joyero que le abriera las puertas de su establecimiento un Domingo y mi tío era su última esperanza ya que parecía que se conocían.
-Por supuesto señora Harvey, no tiene de que preocuparse.-Contesté desilusionada.
Acababan de estropear mis planes y nadie se daba cuenta pero no podía negarme a algo que me había pedido mi madre, y si lo hubiera hecho, probablemente estaría castigada el resto de mi vida.
Tanto el negocio de mi padre como el de mi tío eran importantes en la ciudad, mi padre era un excelentísimo artesano y tallista y mi tío Zack un extraordinario joyero, así que si salían encargos por parte de los clientes un domingo eran los únicos dispuestos en abrir sus puertas, por esto y por sus increíbles trabajos los consideraban los mejores de la ciudad, ellos, de esta manera ganaban clientes y fortuna.
-Muchísimas gracias niña.-Agradeció aquella mujer.
-Aquí te he preparado algo de comida para el viaje, cómetelo todo por favor.-Me pidió mi madre.
Asentí con la cabeza dando un suspiro y torcí mi sonrisa al encontrarme con los suyos, alargué mi mano para coger aquel pequeño saco y en ese momento mi madre se levantó de su asiento para meter la mano en el bolsillo de su mandil.
-Ten, esto es para el ferrocarril.-Dijo poniendo en mi mano unas monedas.
Asentí de nuevo y guardé aquellas monedas en un diminuto bolsillo de mi vestido color rojo intenso. Pasó una mano por mi rostro mientras que aquella mujer estaba dando un sorbo de su té.
-Ten mucho cuidado.-Dijo despidiéndose.
-No te preocupes mamá.-La tranquilicé con una sonrisa, me acerqué hasta ella para darle un cariñoso beso en su mejilla rosada acompañado de un cálido abrazo.
Salí de la cocina dando otro suspiro ahogado y me quedé plantada detrás de mi padre, éste se dio la vuelta y sonrió, sacó un clavo de sus labios y puso una mano en su cintura.
-Ya sé que no te apetece ir ahora a Cambidge, incluso yo lo haría por ti Liz, pero me temo que hoy estoy de lo más ocupado ayudando a tu madre con las tareas del hogar.-Dijo forzando una sonrisa.
-No me importa ir, pero tienes que prometerme que si vuelvo pronto me dejaras salir con Yuls.-Le chantajeé mostrando una sonrisa.-Hoy por ti y mañana por mí papá.-Añadí ampliando más aquella sonrisa.
Mi padre frunció el ceño y luego desvió la mirada hacia otro lugar, suspiró pesadamente y luego me miró de reojo mostrando una sonrisa torcida.
-Está bien, está bien, pero será mejor que vayas para después poder regresar pronto ¿de acuerdo?.-Sugirió.
-De acuerdo.-Asentí volviendo a sonreír.
Ya había hecho un trato con mi padre, estaba dispuesta a ir a ver a los Akerman después de mi viaje, Cambidge no estaba demasiado lejos de Londres así que no podía tardar demasiado en regresar, a no ser que mi tío me entretuviera con alguna de sus historias de cuando era joven guapo e interesante lo cual me gustaba escuchar pero ese día no era el momento.
Al salir al porche, Yuls seguía jugando con mi hermana a la peonza, cuando sus ojos se encontraron con los míos negué con la cabeza, mi amiga se apresuró a devolver el juguete a mi hermana y se acercó hasta mí con cara de decepción.
-¿No te han dado su permiso para salir, ¿no es cierto?.-Se apresuró a decir.
-No es eso, tengo que ir a Cambidge a ver a mi tío, ¿por qué no me acompañas?.-Sugerí mostrando una sonrisa.
-Oh, me encantaría Liz, pero no les he dicho a mis padres de que faltaría a comer a casa, probablemente no me dejen ir, pero no importa ve y otro día podemos ir a la mansión.-Dijo intentando animar.
Asentí con la cabeza y eché una rápida mirada a mi hermana pequeña, cuando me percaté de que no estaba escuchando me acerqué a Yuls.
-Cuando vuelva, podremos ir.-Susurré.
-¿Quieres decir que vas a escaparte como las otras veces?.-Preguntó en voz baja.
Negué con la cabeza y mi mirada se dirigió de nuevo a Amelia.
-Mi padre me dijo que podía salir cuando volviese.-Dije.
-Si no vuelves muy tarde podría acompañarte.-Dijo cruzándose de brazos.
-Bien, si no regreso tarde, iré a tu casa a buscarte.-Dije mostrando una sonrisa.
-Que tengas un buen viaje Liz.-Dijo mi amiga estrechándome entre sus brazos.
La dediqué una última sonrisa y emprendí mi camino hacia la estación ferroviaria de Londres.
Al llegar a la plaza principal para después tomar la dirección hacia la estación, parecía que la gente se había dispersado, ya no estaba la multitud frente al edificio donde se encontraba el alcalde custodiado por las autoridades, pero sí que habían restos de aquella manifestación.
Como por ejemplo carteles y pancartas tirados por el suelo donde los ciudadanos hacían preguntas al alcalde y donde se podía mostrar su rabia y dolor por tanta muerte.
Sostenía en mi mano derecha aquel saquito azulado donde mi madre me había preparado algo de comida para el viaje, me lo llevé hasta el estomago y me pregunté si iba a ser capaz de comer todo lo que había en él.
Al llegar a la estación pude divisar a varias personas esperando el ferrocarril, me dirigí a una taquilla donde un señor calvo con gafas redondeadas y ancho bigote se encontraba detrás de aquellas rejas. Compre mi billete para Cambidge y tomé asiento en uno de los bancos de forja y madera que estaban situados frente a la vía.
Me froté los brazos para entrar en calor pero el frio era como espadas de hielo que atravesaban mi cálida piel, eché un vistazo al cielo y fruncí el ceño tenía todo el aspecto de querer llover de un momento a otro.
No pude evitar mirar a un guardia que merodeaba la zona, su traje era azulado y tenía una cinta negra en su pecho, por encima de su hombro asomaba un fusil y lo acariciaba con mimo, como si quisiera disparar a alguien de los que nos encontrábamos allí.
Bajé la cabeza hasta mi regazo donde se encontraba mi pequeño saco de comida cuando el guardia pasó ante mí mirándome descaradamente, tal gesto me recordó a Near, no podía soportar que nadie me mirase de esa forma, me intimidaba y me hacía sentir pequeña.
Jugueteé nerviosamente con el lacito de aquella bolsita hasta que sus pasos se apartaron de mi vista, me levanté de un brinco cuando a lo lejos, ya se podía escuchar la sirena del ferrocarril.
Una humareda oscura dejaba en el aire a medida que iba avanzando hasta la estación donde las personas se agolpaban en el andén para recibirle. Alisé mis vestidos y me uní al gentío que esperaba con impaciencia que el ferrocarril se detuviera para recibir a los familiares o para subir en él.
Cuando se detuvo la gente salió al encuentro de los familiares que les esperaban ansiosos con los brazos abiertos, otros corrían con sus respectivos equipajes hasta la salida y los que quedábamos nos subimos a él ansiosos por llegar a nuestro destino, este no era mi caso, pues mi destino lo estaba dejando atrás por cuestión de unas horas.
En las puertas del ferrocarril, una enorme maquina de hierro, se encontraban los revisores a los que había que darles el billete, le entregue el mío y después de darle un rápido vistazo me invitó a entrar con una amplia sonrisa.
-Puede subir madame.-Dijo aquél agradable señor.
Entré a mi vagón donde se encontraban muy pocas personas y escogí un asiento donde diera a la ventanilla, así podía entretenerme y disfrutar del agradable paisaje.
Me asomé por ella y el señor que anunciaba la salida con banderines tocó su silbato a la vez que alzaba su banderín.
El ferrocarril se pudo en marcha, apoyé la barbilla sobre mi mano y me dediqué a mirar por la ventana aquella estación que cada vez se iba volviendo más borrosa a medida que el ferrocarril tomaba más velocidad.
Después de varios minutos observando el paisaje un bostezo anunció que era el momento de dormir un poco, no me apetecía comer lo único que me apetecía en ese momento era descansar.
Me recliné un poco en mi asiento tan duro como si estuviera durmiendo encima de una mesa, y me sumergí en mis sueños mientras que el ferrocarril nos mecía como una madre meciendo a su bebé para dormirle.
Un ruido ensordecedor de cristales rotos me despertó de un brinco, cuando me levanté de mi asiento las pocas personas que se encontraban en el mismo vagón que yo se preguntaban que pudo a ver sido aquel sonido, el ferrocarril parecía a ver tomado más velocidad y eso hacía que el vagón perdiera inestabilidad.
Tuve que agarrarme a unas cuerdas tensas que estaban en el techo con el fin de que los pasajeros si tenían que avanzar se pudieran agarrar sin caerse.
El movimiento del vagón era cada vez más brusco, la gente empezó a asustarse y a preguntarse qué demonios estaba ocurriendo, otro ruido de cristales rotos se dejó escuchar, el caballero que estaba más cerca de la puerta que conducía a el siguiente vagón avanzó hasta ella para asomarse.
Entonces algo terrible tuvieron que ver sus ojos porque corrió en dirección opuesta de aquella puerta gritando y tambaleándose mientras intentaba llegar a la otra puerta.
-¡Qué ocurre señor!.-Grité asustada cuando llegó hasta mí apartándome de un empujón.
La puerta en la que se había asomado estallo en mil pedazos dejando únicamente el marco rodeado de astillas puntiagudas, el cuerpo de un hombre voló por nuestro vagón y se estampó contra la otra puerta atravesándola.
Dos mujeres que se encontraban en mi mismo vagón gritaron aterrorizadas agachándose y cubriéndose la cabeza con ambas manos, el señor que tenía justo a mi lado me miró con ojos desorbitados, bajé la mirada y su camisa de un blanco resplandeciente estaba cubierta de sangre, sostenía algo entre sus manos y contemple horrorizada al ver que un trozo de madera de la puerta había saltado y se le había clavado en su pecho. Noté que algo me había salpicado el rostro, pasé mi mano temblorosa por él y mi respiración se aceleró cuando pude comprobar que era la sangre de aquel hombre.
Su garganta comenzó a emitir sonidos agonizantes alzó una de sus manos ensangrentadas y se desvaneció en el suelo agarrando mis vestidos.
Llevé una mano hasta mis labios y tuve que hacer un esfuerzo por no gritar, esquivé aquel señor y me asomé con cuidado intentando ver el vagón que tenia justo a mi izquierda, el cuerpo que había visto volando por los aires estaba en la puerta del final, parecía como un muñeco de trapo donde sus extremidades estaban retorcidas.
Me puse en mitad del pasillo y avancé hasta aquel señor que parecía estar sufriendo taquicardias por el tremendo susto, ambas mujeres estaban aun agachadas y con las manos sobre sus cabezas.
Caminé hacia ellas con pasos inseguros para averiguar si se encontraban bien cuando algo me hizo detener en ese preciso momento, algo estaba ocurriendo en el vagón que tenia justo delante de mí, una melena de un rojo fuego me hizo retroceder, estaba agachada y mordisqueaba un cuerpo que estaba situado en medio del pasillo.
Sus ojos inyectados en sangre se encontraron con los míos y se tornaron a un color oscuro, tan negros como el abismo.
-Estefi…-Dije sin tartamudear.
Dio un gruñido y dejó ver unos dientes afilados manchados de la sangre de su victima.
No podía creer lo que estaba presenciando, temía de que me desmayara de un momento a otro, esto no podía ser más que un sueño, probablemente me hubiera quedado dormida y me costaba despertarme, pero no fue así.
Estefi se incorporó lentamente y limpió sus labios ensangrentados con la palma de su mano, al parecer no se encontraba sola, Atila, su esposo apareció a su lado y ambos miraron en mi dirección con ojos chispeantes.
De ambos lados del vagón aparecieron Near y dos hombres más, habían matado a toda esa gente, y ahora avanzaban directos al vagón donde me encontraba paralizada.
Las dos señoras que aún estaban agachadas se pusieron en pié abrazándose la una a la otra mientras que miraban hacia el vagón vecino, echaron a correr en mi dirección y Near voló hasta ellas agarrándola con sus garras mordiéndolas en el cuello, èstas suplicaban por su vida pero Near no tuvo ningún reparo en arrebatárselas.
Los gritos eran ensordecedores, me llevé las manos tapando mis oídos mientras cerraba los ojos con fuerza intentando despertar de aquella horrible pesadilla, al abrirlos los cuerpos de las señoras cayeron fulminados en el suelo mientras que Near mostraba una sonrisa siniestra.
El señor que estaba sufriendo una especie de ataque al corazón dejó de sufrir cuando Estefi se abalanzó sobre él mordiendo su cuello y absorbiendo la sangre que parecía salir a borbotones.
Mi respiración acelerada me advertía de que estaba a punto de sufrir un ataque de pánico, no había nadie más en aquel vagón, excepto yo rodeada de unos despiadados asesinos, los Akerman, y ahora era mi turno.
-Vaya vaya, mira a quien tenemos aquí.-Dijo la voz dura y fría de Near.
Al oír sus palabras mi cuerpo reaccionó, le di la espalda para salir corriendo hacia el vagón que tenía justo detrás de mí pero entonces choqué con algo tan duro como una roca.
Brandom, era al único que menos me esperaba encontrar allí, a si que ellos eran los asesinos todo el tiempo, ellos fueron los responsables de tantas muertes ocurridas en Londres.
Di unos pasos hacia atrás para quedarme justo entre Near y Brandom, miré hacia ambos lados y lagrimas caían por mi rostro horrorizado, era la prueba de que después de todo le seguía amando.
-¡Que conmovedor!.-Gritó Near desde el otro lado.-¿Vienes a salvarla?.-Preguntó ensanchando su sonrisa burlona.
Miré a Brandom con el rostro confuso y acto seguido a su hermano mayor que lo fulminaba con su mirada ensangrentada, mi salvador no había venido hasta aquí para acabar conmigo al juzgar por las palabras de Near, entonces por un momento deseé con todas mis fuerzas que acabaran con mi vida antes de presenciar un enfrentamiento terrible que podía acabar con el hombre al que amaba más que a nada en este mundo.

jueves, 29 de julio de 2010

Capítulo 16-Liz;Confidencias

Los rayos de un sol debilitado se colaron por mi ventana, no había dormido en casi toda la noche pensando en el rostro angelical de mi salvador.
Mi mano estaba escondida debajo de la almohada esponjosa y noté que había algo dentro de ella, al liberarla salió una preciosa rosa de color rojo intenso.
Mi sonrisa se ensanchó cuando la vi de nuevo, estaba algo arrugada y se le había caído un pétalo después de pasar toda la noche a mi lado, mi mente se sumergió en la noche anterior, cuando vi su hermoso rostro mirando a través de la ventana, mi corazón latía velozmente cuando sus ojos del color de la miel se clavaron en los míos.
Mis mejillas se encendieron y me incorporé en la cama para estirarme, estaba demasiado cansada pero aquello no me preocupaba demasiado.
Puse mis pies descalzaos sobre el suelo y avancé hasta el escritorio para dejar aquella rosa en un jarrón con flores de colores, sin duda aquella rosa destacaba de entre todas ellas.
Abrí la ventana y el cielo parecía estar encapotado pero hacía bastante calor, pasé una mano por mi brazo acariciándolo mientras observaba el paisaje del exterior, esto de vivir a las afueras de Londres tenía su encanto, me gustaba más rodearme de naturaleza que de la ciudad.
-¿Liz, estas despierta?.-Preguntó mi madre desde el otro lado de la puerta.
-Sí, enseguida bajo mamá.-Dije con una sonrisa.
Había motivos por los que sonreír, y ese motivo era Brandom Akerman.
Me dirigí hacia el armario para escoger un vestido, abrí las puertas y me quité el camisón que llevaba puesto dejando mi cuerpo desnudo, me vestí y acto seguido fui al baño para asearme y peinar mis cabellos.
Bajé por las escaleras apresuradamente y mi madre ya tenía preparado el desayuno, Amelia estaba sentada al lado de mi padre que sostenía un periódico con una mano mientras que con la otra llevaba la taza de café a sus labios para dar un sorbo.
-Buenos días dormilona.-Dijo mi padre sin levantar la vista del periódico.
-Buenos días.- Contesté dejando ver una amplia sonrisa.
Me senté al lado de mi hermana y ésta me estudió el rostro con detenimiento, puse una servilleta de tela sobre mi regazo mientras que la observaba de reojo.
-Amy, ¿qué ocurre, porque me miras así?.-Pregunté en voz baja.
Mi hermana apoyó un codo sobre la mesa y dejó parte de su cara descansando en la palma de su mano, torció su sonrisa y echó una rápida mirada a mi padre que aún seguía inmerso leyendo el periódico.
-¿Soñaste otra vez con el galán?.-Dijo acercándose a mi oído.
Me mordí el labio y fruncí el ceño negando con la cabeza, no me gustaba que Amelia me hiciera preguntas sobre ese tipo delante de mi padre aunque él no se percató de nada.
Solo eran preguntas inofensivas sobre un galán de mi imaginación, no quería imaginar que Amelia me hiciera preguntas sobre Brandom en presencia de mis padres, me moriría de vergüenza.
Siempre nos enseñaron que no deberíamos dejarnos cortejar por los muchachos, que eso solo lo podríamos consentir cuando fuésemos mayores, mucho más mayores.
Éramos unas niñas, bueno eso podría decirse de Amelia, yo estaba a escasos días de cumplir diecisiete años era toda una mujer, o al menos así me sentía.
-Bueno, ¿que tenéis pensado hacer hoy jovencitas?. –Preguntó mi padre dejando el periódico sobre la mesa.
Mi hermana cogió su tazón de leche con ambas manos y se los acercó a los labios para soplar en su interior, me echó una rápida mirada antes de beber y sonrió.
-Podríamos ir al bosque.-Dijo Amy.
-Me temo que no va a poder ser Amelia, debería de ir a casa de Yuls.- Contesté cogiendo una rosquilla cubierta de azúcar.
-¿Tienes que hacer tareas de la escuela?.-Preguntó mi madre dando un sorbo de su taza.
Negué con la cabeza y esperé a tragar aquella bola azucarada que se me estaba creando en la boca, acto seguido cogí el paño de mi regazo y me limpié las comisuras de los labios.
-No mamá, solo que me gustaría ir a visitarla.-Contesté.
Mi padre tarareó con sus dedos en la mesa de madera y dejó caer su espalda en el respaldo de la silla.
-Casi se me olvida, ayer tarde vino por casa tu amiga. –Dijo.
-¿Yuls?.- Pregunté cogiendo mi taza de leche.
Mi padre negó con la cabeza y chasqueó los dedos intentando recordar un nombre.
-Tú amiga japonesa, Karisma.-Contestó.
Alcé las cejas y luego mi rostro se llenó de decepción, tal vez hubiera venido a casa para contarme algo importante, algo dentro de mi me preocupaba, no podía dejar de darle vueltas a lo que le ocurrió con su novio. Un nudo se me creó en el estomago impidiendo que comiese, dejé la taza de leche sobre la mesa y le ofrecí la media rosquilla a mi hermana a lo que contestó con un si rotundo.
-¿No la visteis ayer en el festival?.-Preguntó mi madre.
-Sí, pero había muchísima gente, no me pude acercar a ella en ese momento, después comenzó a llover y toda la multitud se dispersó mientras que Amelia y yo esperamos a que dejara de llover. –Conteste.
Si que podría a verme acercado hasta Karisma para saber cómo se encontraba, pero toda mi atención estaba centrada en Brandom.
Me sentí muy mal al saber que mi amiga había venido hasta aquí solo para hablar conmigo cuando yo lo podría haber hecho en el festival, en ese momento pensé solamente en mí y eso me hacía sentir miserable.
-Iré a su casa de camino, espero encontrarla allí.-Dije poniéndome en pié para salir.
-No tardes demasiado cariño, hoy haremos un picnic en el bosque. Dijo mi madre alzando una cesta de mimbre.
-De acuerdo mamá, adiós.-Me despedí torciendo mi sonrisa.
-¡Espera espera!.- Dijo mi padre alzando la voz.
Me giré sobre mi misma y me encontré con la mirada fruncida de mi padre.
-¿No terminas de desayunar?.-Preguntó.
Hice un mohín llevando una mano al estómago.
-Estoy llena, además tengo que hacer hueco para el picnic, adiós.- Me despedí de nuevo.
Salí por la puerta antes de que volvieran a echarme una reprimenda por algo más y me dirigí colina arriba agarrando mis vestidos con ambas manos.
El cielo estaba encapotado pero no tenía previsto que se pusiera a llover, el aire era fresco y fragante y traía olores a naturaleza, me resultaba tonificante.
Crucé el prado con la respiración agitada y me detuve unos segundos después para recuperar el aliento, miré a mi alrededor y todo me recordaba a Brandom, la tarde que estuvimos sentados tan cerca el uno del otro, negué con la cabeza y reanudé mi marcha hacia la casa de Karsima.
Atajé por un camino polvoriento con ramajes a ambos lados de este, iba mirando hacia el suelo y de vez en cuando mis zapatos oscuros cubiertos de polvo, de pronto un sonido captó mi atención.
Un crujido de ramas se escuchaba en el lado derecho del camino, me detuve para acercarme apartando las ramas que impedían mi paso hacia aquel sonido.
Intenté agudizar mis oídos pero de poco me sirvió ya que aquel sonido había cesado, probablemente sería alguna ardilla o cualquier insecto.
Cuando me giré para volver al camino polvoriento clavé mis ojos en una tela de color blanco que estaba entre un arbusto.
Miré a mi alrededor intentado localizar una rama que me sirviera para no cogerlo con las manos y di con un palo alargado y fino.
Fui hacia el arbusto y alargué aquel palo para capturar aquella tela raída, al cogerlo varias moscas emprendieron el vuelo a mi alrededor, lo consideré como un ataque por haberlas molestado, cuando mis ojos se volvieron para ver aquella tela mi reacción fue lanzarlo lejos cubriéndome la nariz y parte de mi boca para evitar vomitar.
Se veía claramente que era la camisa de un hombre, como también se podía ver que estaba una parte de ella manchada de sangre seca, como si hubiera permanecido allí unas semanas.
Salí de entre el ramaje para volver al camino con la mano puesta en el estomago e intenté olvidarlo por un buen rato, la casa de Karisma se divisaba a lo lejos, me encontraba un poco mejor cuando pude ver las ventanas cubiertas con enredaderas.
Un rostro se asomó por una de las ventanas del segundo piso y desapareció de inmediato, no pude divisar quien podría ser pero seguramente que era ella, la que me recibió en la puerta.
-Hola, ¿en qué puedo ayudarte?.-Pregunto una mujer de cabellos oscuros y lisos.
Un nudo se me creó en la garganta y tuve que hacer un esfuerzo por encontrar las palabras adecuadas, aquella mujer debía de ser su hermana al juzgar por sus ojos rasgados.
-Vine a ver a Karisma.-Contesté forzando una sonrisa.
Su hermana abrió la puerta de par en par y debajo de su brazo pude ver a mi amiga sentada en un sofá de color beige que miraba la entrada encontrándose con mis ojos.
-¡Liz!.-Gritó alegremente.
Dio un brinco del sofá dejando encima de él una pelota de lana, al parecer estaría haciendo punto de cruz, no imaginaba que a Karisma le gustara hacer esas cosas, a mi me parecían muy aburridas.
Avanzó hacia la puerta mientras que su hermana se apartó de ella sin despedirse, no tenía muy buen aspecto y era lógico que quisiera marcharse así para descansar.
-¡Que alegría, has venido!.-Volvió a gritar entusiasmada.
Me abrazó con sus largos brazos y no me dio tiempo a reaccionar para devolvérselo.
-Hola Karisma, estoy aquí porque quería devolverte la visita, lo siento.-Dije con tono de disculpa.
Mi amiga negó con la cabeza sin dejar de sonreír y acarició mi mejilla con sus delicadas manos.
-No importa Liz, lo que importa es que has venido, ya te echaba de menos.-Sonrió invitándome a entrar.
Le devolví la sonrisa mientras me llevaba hasta aquel sofá de color beige, miré a mi alrededor y me encontraba en un salón muy acogedor, había muchos estantes con libros y algunas figuras que adornaban la estancia. Debajo de nuestros pies se encontraba una alfombra de color chocolate y encima de ella una mesita de madera para tomar el té.
-Por cierto ayer te vi en el festival pero no pude acercarme a saludarte, había mucha gente y para colmo mi hermana estaba conmigo y ya sabes que se pone muy pesada.-Dije con media sonrisa.-¿Nos vistes?.-Pregunté hundiendo el sofá con mi peso.
-Karisma fué hacia la cocina y me hizo un gesto para que me quedara en el sofá hasta que volviera.
-No os vi por el festival.-Gritó desde la cocina.-La verdad es que si que había mucha gente y yo estaba ahí arriba del escenario con mi caballo muerta de vergüenza, como para verte.-Dijo volviendo al salón con dos tazas de porcelana.
-Gracias.-Le agradecí acompañando una sonrisa.-¿Cómo sigue tu padre y tu hermana?.-Pregunté.-No me pareció que ella tuviese buen aspecto.-Dije con un nudo en la garganta.
-Están en fase terminal Liz.-Dijo dando un sorbo con la mirada perdida.-La enfermedad de mi hermana y mi padre es la misma, sus pulmones se están encharcando, un día de estos me los encuentro de cuerpo presente.-Dijo volviendo a dar un sorbo de su té.
-Por dios no digas eso Karisma, tiene que haber una solución para ellos. –Dije intentando que dejara de pensar tan negativamente.
-Los medicamentos ya no pueden hacerles nada, creo que la mejor solución para ellos seria la muerte, así dejaríamos de sufrir todos.-Contestó volviendo a tomar de su taza.
No podía creer que alguien pudiera desear la muerte de su propia familia, aunque entendía por lo que mi amiga pudiera estar pasando, verlos así a diario tendría que ser un calvario para todos.
-Nada de cosas tristes, es ley de vida, nacemos y morimos Liz.-Dijo intentando arrancarme una sonrisa con la suya.-Bueno, ¿que me cuentas de tu príncipe, el salvador Brandom?.-Pregunto imitando a un caballero con una lanza en la mano.
-Sonreí con ganas y acto seguido di un sorbo de mi taza saboreando aquel delicioso té, le conté el detalle que tuvo Brandom la noche anterior, cuando dejó en mi puerta una rosa para que la rescatara. Mi amiga abrió sus rasgados ojos muy emocionada dando suspiros acompañados con una amplia sonrisa.
-Que romántico Liz, lo que me cuentas es tan…hermoso.-Dijo entrelazando sus manos.
Me ruborice y solté un suspiro que me salió directamente del corazón, estudié el rostro de Karisma y esta tenia la mirada perdida, las comisuras de sus labios se fueron estrechando hasta que desapareció su encantadora sonrisa.
Dejé mi taza de té sobre la mesa y acaricié su hombro con cariño.
-¿Cómo estás?.-Pregunté con interés.
Karisma se encontró con mis ojos y una sonrisa volvió a iluminar su rostro.
-Bien, la verdad es que lo he superado con rapidez.-Contestó.
Me sorprendió mucho su respuesta, ya que lo que le había ocurrido con su novio tuvo que ser un duro golpe para ella y aquello no se podría olvidar tan fácilmente pero ella fue capaz de superarlo y se podía apreciar que se sentía bastante fuerte.
-Me alegro mucho por ti, la vida continúa y ya verás cómo te compensará generosamente.-Dije volviendo a frotar su brazo con cariño.
Mi amiga volvió a encontrarse con mi mirada y me dedico una sonrisa a lo que la contesté igualmente.
-Agradezco mucho que me hayas visitado.-Dijo dando un último sorbo de su té.
-Para eso están las amigas.-Contesté con una amplia sonrisa.-Tendrás que disculparme pero he de ir a casa de una amiga de la escuela, pero te prometo que te visitaré lo más pronto que pueda, puedes pasarte por casa cuando lo desees, ya sabes que eres bien recibida.-Dije.
-Muchas gracias Liz, te quiero mucho.-Contestó dándome un cariñoso abrazo.
Me acompañó hasta la puerta principal y allí me despidió con la mano sin dejar de sonreír, me aliviaba al comprobar que estaba bien o al menos eso era lo que percibía.
Crucé el prado a toda prisa temiendo de que estallase una tormenta como la de el día anterior, el viento esta vez era fresco nada cálido y la nubes oscuras ocultaban un sol debilitado.
Froté mis brazos con fuerza para eliminar la piel de gallina que estaba empezando a aparecer y aceleré el paso para entrar en calor de alguna manera.
Un escalofrío recorrió mi espalda al recordar la cara demacrada que tenía la hermana de Karisma, me sentía impotente de no hacer nada por ella pero tal y como dijo mi amiga, era algo irremediable.
Negué con la cabeza y cuando me quise dar cuenta ya estaba en el camino polvoriento que me conducía al centro de la ciudad, tuve que apartarme hacia un lado cuando vi dos carruajes ocupando todo el ancho del camino.
Hubiera sido mejor coger uno de nuestros caballos pero me gustaba mucho más caminar y observar mi alrededor con detenimiento aunque lo conociese desde bien pequeña.
Las campanas de la torre del reloj repiquetearon once veces y aceleré mi paso si quisiera llegar a casa antes de la hora de comer. Me encontraba en la plaza del pueblo, los puestos a ambos lados de la calle estaban a rebosar de gente que salía a comprar, era muy agobiante salir un domingo por la ciudad ya que no cabía ni un alfiler en la plaza.
Tuve la tentación de detenerme en uno de ellos para ver unos preciosos relojes de bolsillo, pero el tiempo corría y debía de ir a casa de Yuls, estaba ansiosa porque me contase que tal le iba con Joshep no podía esperar a que llegase el lunes y que me lo contase en la escuela.
Crucé el reloj de la torre y gire a mi izquierda donde unas vallas de color blanco escoltaban una casa de color blanco, avancé hasta llegar a la entrada abrí la reja y luego la cerré detrás de mi.
Subí los tres peldaños antes de quedarme cara a cara con la puerta, toqué con los nudillos y unos pasos se escucharon desde el otro lado.
Un señor alto con bigote y barba en su mentón me recibió en la entrada, su cabello era de un rubio ceniza y sus ojos claros como el océano.
-Buenos días señor Caswell, ¿está Yuls en casa?.-Pregunté con una sonrisa.
-Por supuesto Elizabeth, adelante.-Contestó invitándome a entrar.-Está en su habitación practicando con el violín.-Añadió mirando hacia la parte superior de las escaleras.
-Muchas gracias.-Contesté dirigiéndome hacia ellas para subir un piso más arriba.
Avancé por un estrecho pasillo donde habían puertas de color blanco a ambos lados, las paredes estaban cubiertas de una tela con estampados florales, la melodía del violín se podía escuchar en todo el piso me detuve en una de las puertas y toqué con mis nudillos irrumpiendo en la habitación.
-Toc toc, ¿se puede?.-Pregunté con una sonrisa.
Yuls estaba frente a un ventanal custodiado por dos enormes cortinas de color rosa pálido, miraba hacia el exterior y en cuanto notó mi presencia dejó su violín encima de un sofá de color blanco.
-¡Liz!.-Gritó alegremente.
Cerré la puerta detrás de mí y Yuls me tomó por las manos muy entusiasmada con mi visita.
-No podía esperar hasta mañana, cuéntame.-Dije en voz baja.
Caminamos las dos juntas hacia los dos sofás que estaban situados a ambos lados del ventanal y el rostro de Yuls era de decepción.-¿Qué ocurre?.-Pregunté con preocupación.
-Liz, ya sabes que soy muy enamoradiza y que estaba totalmente tontita por Joshep pero…-Se detuvo para tomar aire.
¿-Pero?.-Pregunté.
-Me he dado cuenta de que no me gusta tanto como pensé.-Dijo torciendo su sonrisa.
Carcajeé por un momento y acto seguido negué con la cabeza.
-¡Por dios Yuls siempre dices lo mismo!.-Exclamé.
Me lleve una mano a los labios por a ver alzado la voz y me acerqué un poco más a mi amiga para seguir hablando en voz baja.
-El último día de clase se te veía con el tan…tan…¿feliz?.-Dije algo confusa.
-Si.-Contestó.-Antes de que me dijera que se sentía atraído por otra.-Añadió con desgana.
Abrí mis ojos por la sorpresa y más tarde suspiré.
-Lo siento, ¿y te dijo quien era esa persona?.- Pregunté tomándola de la mano.
-Sí, no tuvo reparo en decírmelo, se siente atraído por Morgan.-Contestó torciendo las comisuras de sus labios.
-Oh vaya, ¿y desde que te dijo aquello ya no te gusta?.-Pregunté.
-En realidad no, fue desde el primer momento en el que abrió la boca, es un poco grosero y descortés.-Dijo poniendo caras.
Me llevé una mano a los labios para ocultar una carcajada y ella se unió para reír con ganas.
-Me gusta la forma en la que te tomas estas cosas.-Dije sonriendo.-Ojalá pudiera hacer lo mismo.-Dije.
-Podrías si quisieras.-Contestó.-Liz, ¿es que ha pasado algo que no me hayas contado?.-Preguntó frunciendo el ceño.
Asentí con la cabeza y no tuve más remedio que contarle todo lo que me sucedió desde que conocí a mi salvador, al juzgar por su cara parecía como si se hubiese enamorado tan bien de Brandom lo cual me hizo reír de nuevo.
-Uh chica, que suerte tienes, ojalá pudiera encontrar a alguien así, pero estamos en la misma situación, dices que él también tiene una persona especial…eso es mala señal, aunque tampoco entiendo su comportamiento, puede que sienta algo por esa persona pero también por ti, ¿lo has pensado?.-Preguntó.
Me hizo pensar por unos momentos y se hizo un silencio terrible en la habitación, Yuls acariciaba su mentón dándole vueltas a todo lo que le había contado y parecía como si quisiera sacar algo en claro.-Sin duda, Brandom siente algo por ti pero no se atreve a decirte nada.-Dijo con la cabeza en otra parte.
-¿Tú crees Yuls?.-Pregunté con cierta duda.
-Por supuesto que lo creo y te diré algo más…-Dijo mirándome directamente a los ojos.-¿Recuerdas el último día de clase en la hora de descanso cuando salimos a los jardines y estaba Joshep mirando hacia nosotras con cara de bobo?.-Preguntó torciendo sus labios.
-Si, lo recuerdo.-Contesté con el ceño fruncido e intentando averiguar a donde quería llegar.
-¿Y también recuerdas lo que me dijiste ese día sobre lo que debería de hacer?.-Preguntó con los ojos entrecerrados esperando mi respuesta.
Intenté por todos los medios recordar aquella conversación pero me resultaba imposible, miré el rostro expectante de Yuls y esta puso los ojos en blanco.
-Tú me dijiste que tal vez Joshep estuviera tan asustado como yo en dar el siguiente paso, ¿Por qué no lo intentas?, dile a Brandom lo que sientes, lo que tenga que pasar pasará de todos modos Liz.
Sonreí forzosamente mientras que negaba con la cabeza mirando mi regazo.
-Oh no, no puedo. Recuerdo perfectamente esa conversación y te lo dije de corazón, pero ahora te entiendo es más difícil cuando a una le ocurre.-Dije sin cruzar mi mirada con la suya.-Sé que el me rechazaría por que siente algo por aquella persona que anhela, no podría soportarlo, prefiero que las cosas se queden como están.-Dije haciéndole daño a mi corazón.
-A eso te referías cuando decías que ojala pudieras tomarte las cosas tan bien como yo ¿no es así?.-Preguntó poniéndose de rodillas frente a mi mirada perdida en el suelo.
Asentí con la cabeza sin pronunciar palabra alguna pues temía de que se me quebrara la voz en algún momento.
Yuls apoyó sus brazos en mi regazo dando un suspiro largo y pesado.
-¡Hay!.-Suspiró.-¿Por qué siempre nos tendremos que enamorar de hombres que nunca nos van a corresponder?.Preguntó.
Sonreí y Yuls levantó la cabeza con el rostro confuso.
-Es la primera vez que me ocurre.-Contesté aún con la sonrisa en mis labios.
-Tienes razón, cuando lleves un par de estas experiencias estarás agotada.-Dijo sonriendo con ganas.
Nos echamos a reír y nos quedamos allí un buen rato charlando sobre Joshep y Morgan, al parecer Morgan ya estaba al tanto de los sentimientos de Joshep hacia ella y en el festival los vieron muy juntos, probablemente ya serían pareja lo cual me alegré por Morgan pero me sentí muy identificada con Yuls, entendía su dolor pero a ella no parecía afectarla tanto como a mí, sabía salir de una relación con madurez y aceptar lo que le viniera encima, la envidiaba.

jueves, 15 de julio de 2010

Capítulo 15-Vagos recuerdos

Una pálida mano descansó en mi hombro y sus dedos me apretaron con fuerza, la joven estaba tumbada en el suelo dando convulsiones , sus ojos estaban en blanco y parecía estar ahogándose cuando de pronto, cayó inconsciente.
-¡Basta!.-Gritó Estefi apartándome de un empujón.
Me encontré sentado en el suelo y apoyé la espalda contra el marco de la puerta intentado recuperar el control, limpié la sangre de mis labios con la base de la mano y acto seguido pasé la lengua por ellos sin dejar de mirar el cuerpo de Christine.
Estefi se arrodilló junto a ella cogiendo su muñeca intentando encontrarle el pulso, me miró desconcertada y torció su sonrisa.
-Está muerta, le has quitado mucha sangre.-Dijo poniéndose en pié alisando su vestido. –¡Qué desperdicio, nos hubiera servido tan bien!.-Añadió dando un suspiro.
-No te preocupes Brandom hay muchos mas donde escoger, tomate esto como un aperitivo mas, ¿vas a seguir con ella?.-Preguntó al final.
Me incorporé poniéndome en pié con la respiración entrecortada mientras ajustaba el nudo de mi corbata.
-No, ya he tenido suficiente.-Dije dirigiéndome hacia la puerta.
-¿Estás seguro?, aún podemos aprovecharla.-Advirtió observándola de arriba abajo.
-No, he dicho que ya he tenido suficiente.-Contesté cuando crucé por la puerta cerrándola detrás de mí.
Pude escuchar como mi prima succionaba su sangre, incluso podía llegar a escuchar su garganta tragar aquel jugoso liquido.

Siempre había controlado pasar el virus a otro humano cuando pretendíamos que fuera uno de los nuestros, pero esta vez fue diferente ni yo mismo sabía por qué, pero el deseo de sangre hacia los humanos era ahora mucho más fuerte.
Tal vez porque me enamoré de un ser latiente y ese deseo hacia ella no lo podía experimentar físicamente, eso hacía que algo se encendiera dentro de mí y actuase como un verdadero monstruo.
Antes de volver a entrar en el salón aspiré aire profundamente y pase las manos por mis cabellos, mi padre, que estaba al otro lado del salón alzó su copa en el aire y esbozó una amplia sonrisa, me dejó entrar en sus pensamientos y pude ver en ellos que lo que quería de esa joven no era su conversión, sino justamente lo que hacía unos escasos momentos me había mencionado Estefi, solo un aperitivo más.
Near clavó sus ojos en los míos cuando se encontraron y soltó una sonrisa entre dientes mostrándolos tan blancos como su tez pálida.
Caminó hacia a mí con pasos cautelosos y al llegar a mi pareció ir más lento de lo que parecía.
-No podemos fingir lo que no somos ¿no es cierto?.-Me susurró al oído.
Apreté los dientes con furia fulminándole con la mirada, mi hermano pasó por mi lado y continuó con sus pasos calmados dirigiéndose a Michael, entablaban una conversación de lo más entretenida, probablemente le estaría contando sus batallitas absurdas o su manera de cazar, y porque no, tal vez le estaría hablando de mi amiga la humana.
En cualquier caso, ignoraba por completo lo que Near pudiera contar, me resultaba indiferente, como mi padre lo era con él, para mi padre Near era secundario cuando yo estaba presente cosa que esto a mi hermano mayor no le estimaba demasiado.
-Una velada de lo más entretenida.-Dijo una dulce voz.
La hermana de mi padre estaba justo a mi lado observando cómo los invitados iban de un lado para otro con sus copas servidas, hablando sobre sus cosas o simplemente escuchar como otros tocaban una melodía en el piano.
-Creía que era una fiesta para celebrar la entrada de un nuevo miembro.-Dije.
Naiara sonrió y después clavó sus ojos en su hijo pequeño. –Tu padre no nos ha comentado nada sobre eso, solo nos invitó para vernos..Contestó enseñando a Alex su copa de sangre.
El niño fue hasta ella con pasos inseguros y mi tía acercó la copa a sus labios para darle de beber, cuando se quedó saciado limpió las comisuras de sus labios con la yema de su dedo índice y después le dio un lametón para eliminar la sangre.
-¿Qué tal os va por Rumania?.-Pregunté sin dejar de mirar a mi joven primo.
Ella lo tomó en sus brazos dándole un cariñoso beso en la frente mientras que Alex jugaba con su gargantilla.
-Bien, hace poco tuvimos un problema con Evelyn, su padre y yo insistimos en que no debería ir de caza sola, pero siempre que tiene la oportunidad escapa.-Comenzó a decir mirando en la dirección en la que se encontraba Evelyn. –Otro vampiro la descubrió cazando en su territorio y la amenazó con hacerla daño si volvía a ocurrir.
Evelyn dice que no fue con intención de cazar, si no porque le gustaba correr y no tenía ni idea de donde se estaba metiendo, la verdad no se que creer.-Dijo dando un suspiro de preocupación.
-Es una chica lista, sabrá que hacer la próxima vez, he oído que corre velozmente.-Dije sonriendo.
Mi tía dio otro suspiro largo poniendo los ojos en blanco.
-No te puedes imaginar cuanto, sobre todo cuando tengo que reñirla.-Contestó volviendo la vista a su hija.
Arrancó una sonrisa de mis labios y Naiara me estudió el rostro con preocupación, pestañeé y me encontré con sus ojos azulados que parecieron preguntarme por que estaba tan abatido.
-Estoy bien, solo me preguntaba cómo era mi madre, no recuerdo nada sobre ella.-Dije llevando las manos a los bolsillos de mi pantalón.
Mi tía dejó a su pequeño en el suelo y Alex caminó hacia su padre con andares inseguros, Naiara se froto las palmas de las manos como si en ellas hubiera sudor y me miro directamente a los ojos.
-Era una mujer muy hermosa, tenia tus mismos ojos y el cabello dorado como tu hermana, pero ante todo, sentía una gran devoción por sus hijos.-Dijo mirando hacia mi padre. –Sentimos mucho su desaparición, espero que volvamos a verla muy pronto.-Añadió al final.
Era lo único que sabia de mi madre, que había desaparecido hacía cincuenta y ocho años y nadie sabía de su paradero, para mi me resultaba imposible recordar como era, pero curiosamente lo único que podía recordar eran sus manos acariciando mis cabellos cuando apoyaba mi cabeza en su regazo.

A mi padre no me atrevía a preguntarle, siempre mostró una gran tristeza cuando hablaba de ella, a lo que un buen día dejé de hacerle preguntas sobre mi olvidada madre.
A mi hermano mayor nunca pareció interesarle donde estuviera nuestra madre, tampoco la recordaba con la claridad que mi tía y mi padre lo hacían.
-¿Dónde está Estefi?.-Preguntó el esposo de mi prima mientras se acercaba hacia nosotros.
-Me temo que está algo ocupada terminando de disecar un cadáver.-Dije amargamente cuando recordé haber arrebatado la vida de aquella joven. Sonrió abiertamente y sus pupilas se tornaron a un color oscuro.
Salió por la puerta para reunirse con su esposa mientras que Naiara me dedico una sonrisa torcida cuando vio en mi mente el ataque frenético que había tenido hacia unos minutos.
-No te preocupes Brandom, a todos se nos ha ido la mano alguna vez.-Dijo intentando cambiar mi estado de ánimo.
-No tía, a mí se me ha ido por que yo he querido.-Contesté intentando disimular mi error.
-Por supuesto, discúlpame e de regañar a Evelyn. ¡Maldita sea!.-Gritó agarrando sus vestidos en un puño mientras caminó con pasos acelerados hacia mi pequeña prima.
Al llegar aquella alargada mesa de madera, mi tía cogió por el brazo a Evelyn que estaba justo delante de un sabroso cuenco plateado metiendo el dedo índice y llevándoselo a los labios para lamerlo.
-¡Eso no son modales Evelyn!.-Gritó entre dientes mientras la alejaba de la mesa.
Varios invitados observaban como Naiara arrastraba a su hija consigo hasta donde estaba su marido Michael, que parecía estar echándole una buena reprimenda.
Sonreí mientras caminé hacia la puerta para llegar a la entrada principal, abrí la puerta de la mansión y Dorothy se apresuró a hacerlo por mí.
-¡Déjeme a mi señor!.-Gritó con una sonrisa sofocada.
-Tranquila Dorothy, sólo voy a tomar el aire vuelve por si se les ofrece algo a los invitados por favor. –Dije apartando su mano con suavidad.
La sirvienta inclinó su cabeza cuando escuchó lo que le ordené y desapareció de la entrada para dirigirse al salón principal.
La puerta chirrió la abrí y una corriente de aire fresco revolvió mis cabellos oscuros.
La noche estaba cerrada y los grillos comenzaron a canturrear una canción que era ensordecedora para mis oídos sensibles, eché un vistazo a el cielo y husmeé el aire para averiguar si estallaría otra tormenta, pero no había nubes estaba completamente raso y estrellado.
La imponente luna iluminaba todo el jardín y la hermosa fuente del sauce llorón, bajé las escaleras de la entrada para dirigirme hacia ella y una vez allí, me senté para hundirme en mis pensamientos.
-Liz…-Susurré a mi mismo.
Su nombre hacía que en mi interior se removieran toda clase de sentimientos descontrolados, amor y deseo, una mala combinación pero que sin duda era un riesgo que tenia que correr.
Había tomado mi decisión de protegerla hasta que la muerte la alcanzara, ¿pero que había de mis sentimientos?, ¿y qué había de los suyos?, amarnos en silencio hasta el final sin que ninguno de los dos lo pudiera decir en voz alta.
Realmente me torturaba a mi mismo pensando en esta clase de cosas extrañas que me sucedieron desde el primer momento en que la vi, pero me llenaba de felicidad sentir que en este cuerpo habían sentimientos por una criatura humana con nombre propio; Elizabeth Jenzen.
-Otra vez esa estúpida humana.-Dijo una voz acompañándola con una carcajada.
Gire la cabeza hacia mi lado derecho y Near avanzaba hasta la fuente bebiendo de su copa de cristal . Le fulminé con la mirada e hice caso omiso a su presencia. –He visto lo que le has hecho a esa pobre muchacha, te sería igual de fácil acabar también con tu amiga, la humana. –Dijo volviendo a dar un sorbo de su copa.
Cerré mi mano en un puño y mi pierna izquierda parecía tener un tic nervioso, no quería enfrentarme de nuevo a mi hermano pero me lo estaba poniendo demasiado fácil.
-¿Por qué no vuelves a la fiesta y me dejas tranquilo Near?.-Le sugerí.
-Oh vamos, solo quiero disfrutar de tu compañía hermano.-Dijo dándome una palmada en la espalda cuando se sentó a mi lado.
-Si para ti disfrutar de mi compañía significa atacarme con tus palabras, más te vale que te vayas por dónde has venido…hermano. –Contesté duramente.
Near aguantó mi mirada sin decir palabra y después de un largo minuto de silencio dejó su copa descansando a su lado.
Era evidente que quería introducirse en mis pensamientos para después atacarme con sus palabras hirientes, pero no consiguió ver nada dentro de mi cabeza.
-Me pregunto, si ya le has revelado a tu amiga lo que somos.-Dijo entrelazando los dedos de sus manos.
-No.-Conteste rotundamente.
-¿En serio?.-Dudó.-Creía que el amor entre dos seres se basaba la mayor parte en la confianza mutua.- Dijo con aire despreocupado.
-No sé de qué estás hablando Near.-Contesté desinteresado.
-Te diré de lo que estoy hablando hermano. En el amor no hay secretos, y en el caso de que quisieras contarle la verdad sobre lo que eres, ella te odiara viéndote como el devorador de hombres.-Sonrió.
Me levanté de un brinco tomando a Near por el cuello de su camisa oscura, apreté los dientes con furia sin dejar de mirar sus ojos inyectados en sangre.
Sabía perfectamente que aquello era la pura realidad de mi destino, en cierto modo tenía toda la razón pero odiaba saber que mi hermano estaba al tanto de lo que consistía el verdadero amor y del precio que tenía que pagar si le contase a Liz lo que en realidad soy.
-Como te he dicho antes, no podemos fingir lo que no somos Brandom, deja de actuar como un humano y piensa como un vampiro. –Dijo liberándose de mis garras aferradas a su camisa.
Mi respiración agitada hizo que otra vez perdiese el control, me había propuesto no enfrentarme a mi hermano y estaba haciendo justamente lo contrario, actuando de esta manera el podía pensar que todo lo que decía me afectaba, y en efecto así era.
Liberé su camisa dejando las palmas de mis manos en el aire mientras que iba recuperando mi respiración, mi hermano alisó con sus manos las arrugas de su camisa oscura y acto seguido pasó una mano por sus cabellos rojizos.
-Tienes razón.-Mentí.-Déjame solo.-Le pedí con el fin de que se marchase.
Una sonrisa satisfecha dibujaron sus labios, se levantó recogiendo su copa y se dirigió hacia la entrada con andares de victoria.
Odiaba que Near tuviera razón pero mi decisión de proteger y de ocultar la verdad a Liz seguía firme, no iba a permitir que se acercaran a ella para nada, existía la posibilidad de morir por esa osadía pero como siempre me decía, era un riesgo que tendría que correr aunque mi vida inmortal se fuera en ello.